APRECIADO PRESIDENTE URIBE:
Llegó el momento del adiós… Esta será su última semana como Presidente de Colombia. Ya sólo le quedan siete días para mandar en la Casa de Nariño. Ahora sólo podrá hacerlo en su casa (¡pobrecita, Lina!) y en El Ubérrimo (¡pobrecito su mayordomo!). Ya no le quedan sino siete días para pelear en nombre del país. Ahora lo hará a nombre propio… Pero también pueden quedarle estos días para desactivar la bomba que inexplicablemente Ud. acaba de armar: la de la posibilidad de que estalle una guerra con Venezuela antes del 7 de agosto, cuando gracias a Dios se posesiona su sucesor, guerra que ahora, cuando la popularidad de Chávez está en su mínimo histórico —36%—, a él le vendría como anillo al dedo para justificar el aplazamiento de las cruciales elecciones parlamentarias de septiembre, que le quitarán el dominio absoluto que tiene de la Asamblea Nacional. Es que con la disculpa de la guerra, Chávez sólo tendría que decir que aplaza los comicios por razones de seguridad nacional, pues su país debe concentrarse en defenderse “de la agresión del Imperio a través de Colombia”, y ¡listo!, sigue tranquilo, de mandamás en Venezuela, tal como Ud. soñaba seguir siéndolo aquí.
Mire, Presidente, ¡no le haga ese favor a su enemigo Chávez! ¡Y no trate de tapar así el escándalo de las chuzadas del DAS, que ya lo toca muy de cerca! ¡Y por favor, no le deje un conflicto con Venezuela de herencia a la Patria! ¡Ni le haga semejante mal a su ex ministro de Defensa! Recuerde que los intereses de la Patria están por encima de esa rabia contenida que Ud. debe tener al comprobar que Santos no es, como Ud. creía, el títere suyo que hubiera sido Uribito… (¿Ud. sabía que sería así y por eso hizo todo lo que pudo para que Uribito ganara la consulta conservadora, de modo que Ud. pudiera ponerle toda la maquinaria oficial a su servicio, derrotara a Santos y, así, Ud. pudiera seguir mandando por los siglos de los siglos, verdad, Presidente? Pero no le salió la jugada: la candidata goda fue Noemí, y a Ud. no le quedó más remedio que apoyar a Santos porque de los males creyó que escogía el menor, ¿cierto, Presidente?). Pues sí, Dr. Uribe, no vaya ahora a vestirse de tigre de modo que se le salga la piedra que tiene que estar sintiendo contra Santos porque no nombró como ministros a fichas suyas, es más, porque designó a dos de sus grandes opositores —muy capaces, por cierto— en ministerios estratégicos (¡Germán Vargas Lleras, a quien Ud. considera un traidor, nada menos que en el Ministerio del Interior, es decir, en el de la política —¡se le acabó la cuota, Presidente!—, y Juan Camilo Restrepo, un serio crítico de sus políticas y de su agro ingreso seguro, en el Ministerio de Agricultura, encargado por Santos de expropiar las tierras de la mafia para entregárselas a los campesinos, tema que incorporó a su programa por acuerdo que hizo nada menos que con su gran opositor, el ex candidato de izquierda, Gustavo Petro!). ¡Amarre ese tigre, Presidente, y no le dificulte más a Santos que llegue a un entendimiento digno con Chávez! Empaque maletas tranquilo y aprenda a disfrutar de lo que de verdad vale la pena en la vida: jugar con sus nietos, gozar de la vida en familia y volver a enamorarse de esa gran mujer a quien Ud. escogió como madre de sus hijos. ¡Es que seguro Ud. la eligió porque también Ud. tiene cosas buenas, Presidente! Así que ahora empaque y váyase tranquilo a amansar sus potros y a extasiarse con los amaneceres de El Ubérrimo, en lugar de sintonizar la radio cuando cantan los gallos para descubrir qué no hizo bien Santos y enloquecerlo a punta de twits. ¿Y sabe, Presidente? A la hora del crepúsculo, en El Ubérrimo, tómese un whisky con Lina, cójale la mano, recítele un poema de esos que tanto le gustan y duerma tranquilo sabiendo que la mayoría de este país siempre lo va a querer. ¡Adiós, Presidente!