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¡Calma, Presidente!

09 de diciembre de 2008 - 09:20 p. m.

¡CALMA! ESO ES LO QUE SUS ALLEGAdos dicen que le hace falta, Presidente. Muchos lo ven demasiado alterado, irascible, fatigado… Les preocupa que no descanse siquiera los domingos, cuando por orden de Dios todos deberíamos hacerlo. Cuentan que si a las cuatro de la tarde, por casualidad, ya ha terminado su jornada dominical, se inventa otra cosa porque piensa que a esa hora ¡qué se va a poner a hacer en la casa!

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Hay mucho por hacer en la casa un domingo en la tarde, Presidente: puede leer buenas novelas, no informes de Estado, porque eso sería trabajar. O repasar esa poesía que tanto le gusta. O arreglar el radio o el calentador de la casa privada, ya que usted se desestresa reparando cachivaches, según leí en un perfil suyo. O puede tomarse un ‘whiskey’ y sentarse a conversar con Lina Moreno, lo que le sentaría divinamente, porque ella le serviría de polo a tierra y lo conectaría con esa otra cara que usted también prometió darle a su gobierno, además de la de la mano firme, pero que tan olvidada la tiene, la del corazón grande. O puede dormir, simplemente. Sí, Presidente, dormir los domingos es lo que más le convendría. Allegados suyos opinan que, por el bien de la Patria, debería establecerse el descanso dominical obligatorio para el Presidente de la República.

Es que ese agite endiablado en el que transcurre su vida puede llevarlo no sólo a enfermarse sino a cometer muchos errores, verbo y gracia el de obligar a sus colaboradores a mantener su inhumano ritmo y el de agotarse usted hasta el punto de que comience a hacer pendejadas. Por ejemplo, la de volverse tan irascible que acabe maltratando a muchos de ellos de tal forma que, de la molestia que en un principio les cause, pasen a aborrecerlo en silencio. Y no es bueno trabajar con un equipo resentido, Presidente. A las patadas, el trabajo no marcha. Sale mucho mejor cuando se hace con cariño.

Claro que esa rabia que últimamente se le ha visto seguro no sólo se debe a su inmensa fatiga acumulada en seis años largos de trabajar, trabajar y trabajar sin pausa, sino a que las cosas no le están saliendo como las había planeado: aparte del desastre generado por su imprevisión, pues dejó expandir las pirámides de las que tanto se habló en los medios, su segunda reelección va hacia el fracaso. Y tiene que aceptar, Presidente, que en el fondo de su corazón usted contaba con que la inmensa mayoría del país se le arrodillaría para rogarle que, por el amor de Dios, continuara al frente de los destinos de la Patria, pues era el único capaz de salvarnos de la hecatombe. Y no ha sido así por varias razones: 1. Porque no contó con que sus principales aliados políticos (Germán Vargas Lleras, los ministros Santos y Arias, el vicepresidente Santos, el ex ministro Carlos Holguín, etc.), quienes también aspiran a ser Jefes de Estado, como casi todos los colombianos, fueran los mayores enemigos de su segunda reelección. 2. Porque no creyó que quienes han sido sus más cercanos colaboradores y amigos (Fabio Echeverri, Rudolf Hommes, Juanes, tantos periodistas que lo han apoyado) se opusieran a su tercer mandato. 3. Porque no pensó que el referendo pudiera quedar tan mal redactado y tan mal financiado. Y 4. Porque no se imaginó que se acercara el comienzo del declive de su popularidad, debido a que muchos lo culpan de haber caído en bancarrota y otros estamos hasta la coronilla con su tonito.

Así que es mejor que se calme, Presidente.

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