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El caído equivocado

02 de diciembre de 2008 - 09:47 p. m.

EL MUNDO ESTÁ AL REVÉS… ES LA REflexión que surge luego de mirar en detalle los antecedentes del caso DMG y de percatarse de que el único funcionario que no ha debido caerse ha debido ser el Superintendente Financiero.

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Veamos por qué:

Debido a que varias personas preguntaron si DMG estaba facultada para captar dinero del público, en mayo y noviembre de 2006 la Superfinanciera inspeccionó esa empresa y, si bien no pudo obtener la suficiente información sobre sus balances y la procedencia de sus fondos, consideró necesario proteger a los ahorradores y publicar un aviso en El Tiempo los días 23, 24, 30 y 31 de diciembre de 2006, justo va a hacer dos años, donde informó que el Grupo DMG S.A. no estaba vigilado por la Superfinanciera ni tenía autorización para captar recursos del público en forma masiva y habitual. Además, advirtió las consecuencias administrativas y penales que conlleva incurrir en esas conductas sin contar con la debida autorización.

Luego la Superfinanciera continuó investigando y, el 12 de septiembre de 2007, expidió la resolución número 1634, mediante la cual le ordenó al Grupo DMG S.A., “bajo apremio de multas sucesivas diarias de un millón de pesos cada una… la suspensión inmediata de las operaciones consistentes en la recepción de dineros del público mediante el mecanismo de venta de tarjetas prepago DMG… en razón a que dicha actividad constituye una forma de captación masiva y habitual de dineros del público, sin contar con la debida autorización”. Igualmente le ordenó, bajo apremio de otra multa similar, “la devolución de la totalidad de los dineros recibidos en desarrollo de la actividad de venta de las Tarjetas Prepago DMG, cualquiera sea su modalidad”.

Una semana después, el Grupo DMG interpuso recurso de reposición contra esa resolución. Y tres semanas más tarde, el 8 de octubre, la Superfinanciera negó ese recurso, repitió que el Grupo DMG captaba en forma irregular dineros del público, que lo afirmaba porque disponía de múltiples pruebas, que hasta marzo de ese año les habían vendido tarjetas prepago a más de 12.000 clientes, y confirmó la adopción, contra esa empresa, de las medidas cautelares establecidas en la resolución anterior, que incluían la suspensión inmediata de la captación de dinero mediante la venta de esas tarjetas, y la devolución de la totalidad de los fondos recibidos por ese concepto. Repetía que, para ordenarlo, se basaba en que esa actividad “constituye una forma de captación masiva y habitual de dineros del público, sin contar con la debida autorización”.

Esa resolución se le notificó a David Murcia, dueño de DMG, y de ella se hicieron las publicaciones pertinentes.

Pero, además, de esa resolución se “le compulsaron copias… a la Fiscalía General de la Nación para lo de su competencia”.

Entonces cabe la pregunta: ¿por qué el presidente Uribe sacrificó como chivo expiatorio al Superintendente Financiero que fue el único que actuó? ¿Por qué le cayó toda el agua sucia al que investigó y sancionó y no a la Fiscalía que no hizo nada? ¿Por qué aun hace dos meses y medio, según el periodista Guillermo Díaz Salamanca, el Fiscal General sostenía que no había nada contra DMG y que no veía inconveniente en que Díaz Salamanca asesorara a David Murcia? ¿Por qué el caído fue el Superfinanciero y no el Fiscal?

Muy sencillo, porque el mundo está al revés.

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