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El país se viste de verde

23 de abril de 2010 - 12:51 a. m.

¿NO SERÁ QUE ASÍ COMO HACE OCHO años Álvaro Uribe captó que el país estaba harto de que las Farc le metieran zancadilla a la paz, ahora Antanas Mockus se ha percatado de que, a pesar del uribismo de la mayoría, a los colombianos les dejó un desagradable sabor observar cómo, durante estos años, ese querido héroe suyo hacía todo lo que estaba a su alcance para modificar las normas de manera que él pudiera perpetuarse en el poder?

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¿No será que Mockus y su formidable equipo de ex alcaldes (Sergio Fajardo, Lucho Garzón y Enrique Peñalosa) entendieron que la gente se cansó de ver concentrado el poder en una sola persona; del descomunal ego del político que cierra las puertas del diálogo; del llanero solitario que, solo, realiza todas las hazañas, enfrenta todas las vicisitudes, responde a todas las preguntas y ejecuta todas las tareas, desde la más trascendental hasta la más delegable, y decidieron supeditar sus aspiraciones personales a un proyecto de país, en lugar de hacer lo contrario, como estamos habituados a verlo?

¿No será que ambos, Mockus y Fajardo, se dieron cuenta de que después de que se ha repartido tanta bala, la gente quiere que ahora le repartan muchos lápices y le enseñen a convivir en armonía?

¿No será que Mockus entendió que los colombianos no desean seguir inmersos en una sociedad donde quien logra el éxito es quien más hábilmente transgrede la norma en beneficio propio y, por eso, su propuesta de que la legalidad democrática suceda a la seguridad democrática ha reunido una audiencia que crece en progresión geométrica?

¿No será que a los verdes les sonó la flauta, pues así como el país pasó de la era de los gobiernos de partido a la de Uribe, ahora no quiere quedarse anclado ahí, sino evolucionar y transitar un camino hacia un gobierno de equipo que le abra las puertas del futuro?

Aún no sabemos si ello es así. Sin embargo es muy diciente que Mockus sea la persona a quien, a diario, se le suman en Facebook más adeptos en el mundo. Y también es diciente que a las universidades los estudiantes concurran espontáneamente vestidos de verde.

En un país como Colombia, donde poca gente confía en la ley y en la administración de justicia; donde cerca de la quinta parte de la población considera que es válido hacer justicia por mano propia; donde se piensa que las leyes están hechas para encontrarles el esguince que permita transgredirlas; y donde las normas no se entienden como un eje de la convivencia ciudadana, sino como un estorbo que hay que burlar, no vendría mal elegir a un presidente cuya prioridad sea explicarle a la gente la importancia de la existencia y del contenido de las normas, de modo que empecemos a cumplirlas con entusiasmo, convicción y alegría y, por ejemplo, al hacer una compra, ¡hasta paguemos —satisfechos— el IVA!

Sí, no caería nada mal que en un país que está hasta la coronilla de la camorra, se elija a alguien que cree que todos los seres humanos tienen remedio y que resume su propuesta de gobierno en que lo que busca es que la gente sea más feliz.

Viéndolo bien, en este momento, de pronto no nos vendría mal elegir presidente a Antanas Mockus.

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