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El primer perdón que pida el Eln

14 de abril de 2016 - 09:30 p. m.

Juan Fernando Cristo, ministro del Interior, promotor de la ley de víctimas, le pidió al Eln que le dijera la verdad: por qué mató a su padre, quién dio la orden, quiénes le dispararon… Así podría perdonar, liberar, cicatrizar las heridas, dijo… “Siento que algo queda ahí todavía”, le manifestó Cristo a la prensa.

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Y es que, a pesar de que el ministro es uno de los principales defensores del proceso de paz con las Farc y el Eln, es difícil que esa herida le sane así no más: así lo constaté durante una entrevista que, hace un par de meses, le hice durante un vuelo de Bogotá a Pasto.

Entonces supe que, para él, el senador Jorge Cristo no solo era su papá sino su mejor amigo. De hecho, cuando fue elegido representante a la Cámara, consiguió un estudio en Bogotá, en la calle 38 con 13, con dos camas, salita, baño y cocineta, y lo compartió con su hijo Juan Fernando, quien ingresó a la Universidad de los Andes. Y así de cercanos vivieron ocho años, hasta que el actual ministro se casó: acostumbraban almorzar en el Ramsés, un restaurante de palestinos situado en la carrera séptima con calle 19, cerca a la universidad. Y en cada almuerzo conversaban de política, de libros, de viajes… Y caminaban al estadio para ver fútbol. Y escuchaban música clásica. Y después, cuando el hijo se casó, siguieron conversando a diario como los mejores amigos.

Precisamente porque su relación fue tan entrañable, el ministro sostiene que después de la muerte de su padre, para él, “nada volvió a ser lo mismo”. Así me lo dijo durante ese vuelo, ante la mirada de los gobernadores de Nariño y Cauca, luego de haber sufrido un estallido de llanto en el instante en que recordó el último abrazo que le dio su padre en el aeropuerto de Atenas, y su rostro triste al hacerle la señal del adiós.

A los dos años de sufrir semejante golpe, por petición del Eln a Horacio Serpa, entonces jefe del Partido Liberal, Cristo fue a la Serranía de San Lucas con los senadores Germán Vargas, Rodrigo Rivera y Vivian Morales a hablar con dos miembros de la dirección del Eln, con el fin de gestionar la liberación del parlamentario Jorge Mesa, secuestrado por esa organización. Allí estaban Óscar Santos y Pablo Beltrán. Al terminar la reunión, Beltrán lo tomó del brazo y le dijo:

– Senador, lo que pasó hace dos años fue una equivocación.

Entonces Cristo, quien al verlos había pensado que, como miembros del Comando Central, a lo mejor ellos habían ordenado la muerte de su padre, lo miró y, sin decirle una palabra, se encogió de hombros…

En alguna otra oportunidad, los presos del Eln Pacho Galán y Felipe Torres le pidieron perdón. Pero no le aclararon nada porque, cuando mataron a su padre, ellos estaban en la cárcel y no sabían lo que él quiere saber: por qué lo asesinaron, quién dio la orden y quién le disparó.

Luego de decir esa verdad, entonces sí que le pidan perdón…

Y, con seguridad, Juan Fernando Cristo los perdona. Porque, si algo constaté en esa entrevista, es que hay dos sentimientos que él parece no conocer: el odio y el deseo de venganza.

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Y esa misma verdad, y esa misma petición de perdón, se la deben los del Eln, los de las Farc y los demás violentos de este país, a cada una de sus víctimas.

Entonces sí habría verdadera reconcialición.

De los candidatos a fiscal general conozco y me gustan el ministro de Justicia, Yezid Reyes, y el exdirector del CTI Pablo González. En sus manos, la Fiscalía estaría ceñida a la justicia, ¡no a la política!

 

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