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La paz se hace entre los enemigos

06 de septiembre de 2012 - 08:01 p. m.

La designación de los negociadores del Gobierno ante las Farc retrata al jugador de póquer que es el presidente Santos: con audacia, y arriesgándolo todo, no sienta a dialogar a los de la “izquierda vegetariana”, como nos llama Plinio Mendoza a los partidarios de la paz negociada, sino a los más encarnizados enemigos, a los que se han dado plomo de verdad, a quienes les han propinado los golpes más duros a las Farc:

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el general Óscar Naranjo, legendario jefe de inteligencia de la Policía, que ubicó los campamentos de Raúl Reyes y del Mono Jojoy y conoce a fondo la maraña del narcotráfico, y el general (r) Jorge Enrique Mora Rangel, excomandante de las Fuerzas Militares, quien lideró el Plan Patriota, golpeó el corazón de la guerrilla y se opuso a que hubiera en el Caguán una zona de distensión, hasta el punto de que su designación fue criticada duramente por el expresidente Andrés Pastrana y otros sectores que lo acusan de haber participado en la guerra sucia.

Al contrario de lo que se cree, puede ser muy positivo que un general tan duro como Mora, representante de ese sector de militares en retiro que de tiempo en tiempo ha generado ruidos de sables, negocie la paz: así, si ellos mismos son los artífices del acuerdo, no optan por meterle zancadillas. Además (y siempre me ha llamado la atención observarlo), a la hora de conversar, los insurgentes parecen entenderse mejor con los militares que con los civiles. Es como si los guerreros, no importa su bando, hablaran el mismo lenguaje. Por eso no extraña que el jefe de las Farc, Timochenko, haya dicho en su discurso: “Nadie, como la guerrilla, sabe de la entereza de los solados”.

Ya veremos cómo entre los guerrilleros y los generales va a desarrollarse un diálogo muy constructivo.

A su lado, liderando el equipo, estará el exvicepresidente y exministro del Interior Humberto de la Calle, quien probó su capacidad de concertación en el proceso de la Asamblea Constituyente que llevó al M-19 a su plena participación en política; el excomisionado de Paz de Uribe, Frank Pearl, ejecutivo de confianza de Santos; Sergio Jaramillo, exviceministro de Defensa del gobierno anterior, asesor de seguridad del presidente, artífice en gran parte de este proceso con las Farc y ahora nuevo comisionado de Paz, y Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi, representante del gran empresariado urbano. (¿Por qué no se incluyeron en el equipo voceros de los agricultores y los terratenientes? ¿O figurarán entre los otros cinco negociadores que escucharán las conversaciones, pero sólo se sentarán en la mesa en momentos determinados?).

Del lado de las Farc, las negociaciones las encabezarán Iván Márquez, miembro del secretariado, quien antes de la designación de Timochenko se creía que sería el nuevo comandante y se oponía a que ahora se emprendiera una negociación; Jesús Santrish, miembro del Estado Mayor Central, poco conocido pero muy cercano a Márquez, y Simón Trinidad, extraditado a Estados Unidos.

Y ese es el primer gran obstáculo que surge en el camino: va a tener que transformarse en hechos el apoyo que el presidente Obama dijo que le daría a la negociación: la negativa de ese país a permitirle a Trinidad hacerse presente en las conversaciones pondría en aprietos el proceso.

De modo que este interesante y vital partido comenzó ya…

Sólo nos queda rodear al Gobierno e inundar a Colombia de energía positiva para que esta vez sí alcancemos la paz.

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