Del secuestro de Salud Hernández-Mora quedan varias conclusiones:
La primera, que ella es una reportera valiente y consagrada que le hace mucho bien a la verdad andaregueando, cuestionando e interrogándolo todo por los rincones más alejados de Colombia.
La segunda, que una vez más se comprueba que en este país se necesitan muchos más reporteros que vayan al encuentro de la noticia, que se adentren en la realidad, que incursionen en los sitios más alejados y en los lugares donde ocurre el conflicto, que nos cuenten cómo es eso, y que no permanezcan en los escritorios bajando noticias de internet o, de oídas, haciendo interpretaciones que no están basadas en los hechos ni en el diario vivir de los pobladores de esas zonas.
La tercera, que la coca es la reina de ese lugar: “escuchamos helicópteros por la tarde. Corremos a escondernos en uno de tantos sembradíos de coca que abundan en la región”, escribe Salud en su diario.
La cuarta, que de lo que leímos de su diario resulta evidente que el problema principal del país es la ausencia del Estado: cuenta ella, por ejemplo, que aun cuando en El Tarra, municipio enclavado en el Catatumbo, cuya fuente de supervivencia es el cultivo y el procesamiento de la coca, “aunque hay policía, jamás abandonan su cuartel por temor a que los maten”. Y agrega: “tampoco el batallón, situado a la salida de la localidad, impone autoridad alguna. El mando y control lo ejercen las Farc, el Eln y el Epl”. (Eso me suena tan parecido a lo que vi a fines del año 2.002 en Tierralta, Córdoba, y en San Pedro de Urabá, donde los paramilitares andaban como Pedro por su casa y hasta patrullaban las calles armados de sus metralletas y vestidos con los uniformes de las Auc, mientras que la Policía en Tierralta, y el Ejécito, en San Pedro de Urabá, permanecían en el cuartel y en el batallón respectivamente… Es decir que ni entonces, en época de Uribe, ni ahora, en época de Santos, el Estado estaba presente donde debía estar, por lo cual, cualquier grupo que tuviera armas y ejerciera autoridad, hacía y hace sus veces. Y ahora, incluso, está pasando algo más grave: que a los territorios de donde se están yendo las Farc, las cuales ya empiezan a prepararse para la paz, están llegando los paramilitares con el propósito de asentarse allí y reemplazar a las Farc como autoridad en esas zonas).
La quinta, que en esos lugares, como anota Salud, “la ley del silencio es la única garantía”.
La sexta, que el Eln parece una guerrilla desarticulada, pues a Salud Hernández-Mora la secuestraron sin son ni ton, como parte de una “rutina de seguridad”, sin que hubieran realizado planeación política alguna, ni tuvieran conciencia del impacto que podía tener su secuestro, y creo que sin conocimiento del Comando Central el cual, o bien no hubiera permitido ese secuestro, o le hubiera sacado todo el jugo político posible, y eso no ocurrió.
La séptima, que así los que realizaron los diálogos preliminares del Gobierno con el Eln se hubieran dejado meter el gol de permitir que se incluyera la erradicación del secuestro como uno de los puntos de la agenda a negociar, y no como un requisito para iniciar las negociaciones, es claro que este país siente tal aversión por la práctica del secuestro, que es imposible que las negociaciones de paz con el Eln puedan iniciarse mientras haya un solo secuestrado en su poder.
De modo que por favor, señores del Eln, liberen a todos los secuestrados ya; no echen tanta carreta, como les dijo Salud; ¡y no pendejeen más!
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