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¿Por qué no se callan?

26 de diciembre de 2013 - 03:41 p. m.

Imitar al Rey Juan Carlos, quien ante un camorrero presidente Chávez no aguantó y, en una cumbre de jefes de Estado, le disparó esa pregunta que le dio la vuelta al mundo —“¿por qué no te callas”?—, es lo único que provoca hacer en estas vísperas de Año Nuevo, cuando Colombia no sólo va a elegir presidente, sino que puede estar ad portas de firmar una paz que acabe esta última guerra que ya lleva medio siglo.

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Sí, ¿por qué no se callan? Es lo que dan ganas de pedirles a nuestros principales dirigentes políticos… Es que ha sido lamentable el espectáculo que han dado aquellos cuyo primer deber es servir de faros que nos iluminen la ruta: hablo de tres de los expresidentes, pues Belisario Betancur ha sido el único que ha manejado con prudencia su viudez del poder y, silencioso, ha asumido su condición de “mueble viejo”, como Carlos Lleras Restrepo les decía a sus colegas exocupantes del solio de Bolívar, esos venerables personajes sabiondos, metiches y estorbosos que nadie sabe dónde colocar ni qué oficio ponerles, pero ante quienes el país se siente obligado a inclinarse con reverencia.

“Gaviria es el eslabón perdido del Proceso 8.000”, dijo Pastrana. Y Pastrana “está como loco de atar y se ha convertido en mitómano,” reviró Gaviria. Y él “está narcoobsesionado”, intervino Samper. Y “canalla”, “mentiroso”, “rufián de esquina”, “traidor”, “mezquino” y “ave de mal agüero” le ha dicho Uribe al presidente Santos quien, equivocadamente, abandonó su mantra de “no pelear con Uribe” y ha revirado con frases como “Uribe le ha hecho mucho daño al país”, y esos “buitres del miedo que les gusta que la población siga comiendo para poderla manipular”.

Pero lo que sí fue como para ganarse el campeonato mundial del disparate, fue la última salida de Uribe, quien demandó a Santos por ser responsable de que exista un supuesto “cartel para la reelección,” cuando fue precisamente él, Uribe, quien logró cambiar la Constitución para reelegirse una vez y puso parte de la burocracia del Estado al servicio de su segunda reelección, la cual abortó gracias a que se la prohibió para siempre la Corte Constitucional (recuérdense los procesos que por cohecho para obtener ese propósito cursan contra sus exministros Sabas Pretelt y Diego Palacios).

Hasta aquí los despropósitos de quienes moran en las cumbres del poder. Sin embargo, los de aquellos que supuestamente habitan las de la moral no se quedan atrás, pues se han acusado de deshonestos (la contralora Sandra Morelli así lo ha dicho del fiscal general, Eduardo Montealegre, porque supuestamente se benefició de manera ilícita con pagos de Saludcoop, entidad a la que asesoró) y el fiscal le ha dicho a ella mentirosa y abusadora del poder. ¿Cómo ellos nos dan semejante ejemplo, por Dios, cuando son justamente los revestidos con la “majestad” de la justicia para decidir quiénes son o no los delincuentes?

Y el procurador, que al parecer está empeñado primordialmente en descabezar a cuanto funcionario le huela a comunista y ateo, no se ha quedado atrás al decirle al alcalde de Bogotá que “se fumó” la marihuana “verde”, y éste al acusar al Gobierno de “mentir”, porque, según él, no es verdad que el presidente no pueda impedir la destitución que le ordenó el procurador.

Ante semejante sartal de insultos disparados desde las cumbres, al común de los mortales no nos queda sino implorarles a los dioses que se callen, para que en este 2014, por fin, podamos consolidar la paz.

 

¡Feliz Año, queridos lectores!

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