A propósito del apelativo de “traidor” que el expresidente Uribe le endilga a su sucesor, recordado ahora a raíz de su encuentro con el expresidente Pastrana (éste le cumplió al país lo que prometió, pero Santos no, dijo Uribe), repasé la entrevista que le hice al presidente el 31 de diciembre de 2010, cuando comentó que, al terminar su gobierno, a él lo llamarían, como a Roosevelt, “traidor de su clase”.
En esa entrevista quedó claro que ya entonces Santos soñaba con “entregar un país en paz”. Y ese era su sueño viejo, como lo establece en un artículo publicado hace un par de meses en El Espectador María Fernanda González, Ph.D. en ciencia política de la Universidad de La Sorbona, experta en realizar análisis ideológicos a partir de la medición estadística del lenguaje. Según González, autora del libro Hugo Chávez y Álvaro Uribe: la fuerza de las palabras, dos discursos para gobernar, donde llega a interesantes conclusiones sobre los perfiles políticos de estos dos gigantes de la opinión y sobre las similitudes de sus estilos a pesar de sus diferencias de pensamiento, la obsesión de Santos por la paz es evidente desde cuando fue ministro de Defensa. Dice González que Santos aseguraba en aquel entonces que su anhelo y el del expresidente Uribe siempre fueron los de buscar la paz: “Antes de ser ministro de Defensa”, afirma ella citando al Santos modelo 2010, “siempre busqué la paz en gestiones abiertas” y “el objetivo del presidente Uribe no es ganar la guerra sino conquistar la paz”.
De modo que, en ese punto, no debe centrarse la discusión sobre si Santos cumplió su promesa o no. La confusión proviene de sus contundentes actuaciones como ministro de Defensa de Uribe, cuando las tropas bajo su dirección les dieron a las Farc golpes tan duros como la muerte de varios dirigentes, entre ellos Raúl Reyes. Recuerdo que, a propósito, le pregunté:
—Presidente, y cuando ve caer a los soldados y policías y mira el rostro desfigurado de Raúl Reyes y observa los de los otros guerrilleros muertos, ¿qué siente?
—¡Me duele darles el pésame! Pero uno no puede dejarse afectar por eso, porque entonces toma decisiones incorrectas…
Y luego, a propósito de la ley de tierras, le comenté:
—Esa es una política mucho más de izquierda de la que se pensaba que usted desarrollaría.
Y Santos contestó:
—Como yo fui un ministro de Defensa muy duro con la guerrilla, me encajonaron dentro de una definición. ¡Pero luchar contra la guerrilla no se opone a tener una agenda de izquierda!
Y luego le dije:
—Presidente, ¿cómo pudo usted trabajar con Uribe siendo tan distintos?
—Yo estaba de acuerdo con la política de seguridad democrática y lo que hice fue aplicarla —contestó.
Y agregué:
—Y en lo demás, como no pertenecía a su campo, ¿no se metía?
—Así es.
Y continué:
—Digamos, presidente, que lo que ocurre es que usted, como buen militar, aprendió a obedecerles a sus superiores. Pero cuando llegó a general, ¿el que manda es usted?
—¡Ponga eso! ¡Está muy bien puesto!
De modo que eso fue lo que sucedió: que en materia de defensa, Santos siguió haciendo lo mismo que hizo como ministro de Uribe y, como él, quiso doblegar militarmente a la guerrilla para luego buscar la paz. En ese sentido, a Uribe le faltó tiempo.
Pero en otros aspectos del gobierno (tierras, víctimas, política exterior), en los cuales Santos no colaboró directamente con su antecesor, hizo lo que le dio la gana y nombró a quien quiso, sin preguntarle a él: por eso, para Uribe, Santos es un traidor.