SI LA PATRONA DE RIOHACHA, LA VIRgen de los Remedios, escucha el ruego que le hizo el Presidente, ese de que como él es un ser en llamas le pide que modere esas llamas, el país daría un salto adelante.
Es que ese arder permanente del espíritu presidencial, con sus brasas a todas horas encendidas y dispuestas a convertirse en cualquier momento en peligrosas llamas, impide que él vea que si ahora abandona el rencor que se refleja en su alma por el dolor que seguro y con razón le causó el asesinato de su padre por parte de las Farc, y le da paso al perdón y a la apertura del entendimiento, probablemente acabaría sus mandatos coronado con la gloria de ser el que conquistó la esquiva paz de Colombia.
Me explico: el que las Farc hayan respondido al intercambio epistolar propuesto por el grupo de Colombianos por la Paz, liderado por la senadora Piedad Córdoba y que ya tiene 130.000 adherentes; el que a la pregunta de “si están dispuestos a abandonar de manera definitiva la práctica del secuestro”, que en carta del 27 de noviembre les hizo ese grupo, hayan contestado con la liberación, sin condiciones, de cuatro uniformados y de los dos políticos que aún mantenían secuestrados, el ex gobernador del Meta Alan Jara y Sigifredo López, único sobreviviente de la masacre de diputados del Valle; y el que el Eln haya decidido también sumarse a ese diálogo epistolar, demuestra por una parte que las Farc, que parecían haberse olvidado de sus fines políticos para dedicarse sólo al secuestro, al terrorismo, al narcotráfico y a la guerra, ya habrían llegado a la conclusión de que el camino de las armas no les depara futuro y que lo que necesitan es una plataforma de aterrizaje político que les permita, con alguna dignidad, abandonar la lucha armada e incorporarse a la vida política.
Y por otra parte demuestra que el Eln, que constantemente ha buscado el diálogo con la sociedad civil y ha parecido más interesado que las Farc en llegar a la paz, pero que se ha mostrado reticente a dar sin las Farc ese paso hacia la legalidad, ha encontrado en la discusión propuesta por el grupo de Colombianos por la Paz, la forma de integrarse con las Farc en un camino que conduzca hacia la superación de la guerra en Colombia y hacia la construcción de un país donde quepamos todos.
Por eso, en lugar de cerrarle la puerta al grupo de Colombianos por la Paz (como el domingo lo hizo el Presidente, error que gracias a la Virgen de Los Remedios corrigió el lunes al autorizar la presencia de Piedad Córdoba en la liberación de los secuestrados), y en vez de impedir la búsqueda de un acuerdo humanitario y de un consenso que, impulsado por la sociedad civil, lleve a la paz, Uribe debería estimular esas iniciativas, liderarlas y entender, como ya parece haber empezado a comprenderlo la guerrilla, que en Colombia nunca se llegará al final del conflicto por la vía exclusivamente militar y que, como tantas guerras, la nuestra sólo terminará con la firma de un acuerdo político.
Claro que ese sueño sólo podremos alcanzarlo si la Virgen de los Remedios nos concede el milagro de escucharle el ruego al Presidente y de moderarle las llamas en las que, según él, arde su ser.
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¡Bienvenidos a la libertad y a la vida Alan Jara, Sigifredo López, Wálter Lozano, Juan Fernando Galicia, Alexis Torres y Giovanni Domínguez! Y, por supuesto, ¡felicitaciones, Piedad!