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Aprendiendo con las cosas sencillas

08 de marzo de 2008 - 09:10 a. m.

En el Bhagavad Gita, el guerrero Arjuna le pregunta al Señor Iluminado:
-¿Quién eres?
En lugar de responder directamente, Khrisna empieza a hablar de las pequeñas y grandes cosas del mundo, y dice que él se encuentra en todas ellas. Arjuna comienza entonces a ver el rostro de Dios en todo lo que le rodea.

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No obstante, aunque fuimos creados a imagen y semejanza del Altísimo, pasamos la vida entera procurando atrincherarnos tras bloques de coherencias, certezas y opiniones, sin entender que también nosotros estamos en las flores, en las montañas, o en todo lo que vemos en nuestro camino diario hasta el trabajo. Raramente pensamos que venimos de un misterio (el del nacimiento) y que caminamos hacia otro (el de la muerte).


Si reflexionamos acerca de esto, si entendemos que la presencia Divina y la sabiduría universal se encuentran en todo lo que nos rodea, tendremos mucha más libertad en nuestras acciones.


Escribo a continuación algunas historias que ilustran el tema:
 

El filósofo y el barquero


La tradición sufí cuenta la historia de un filósofo que cruzaba un río en un barco. Durante la travesía, procuraba exhibir su sabiduría ante el barquero:
¿Acaso sabes tú la enorme contribución que hizo Schopenhauer a la historia de la humanidad?
-No -respondió el barquero-. Pero conozco a Dios, conozco el río y conozco la sabiduría simple de mis gentes.
-¡Pues que sepas que has perdido la mitad de tu vida!
En la mitad del río, el barco golpeó contra una roca, y naufragó. El barquero nadaba hacia una de las orillas cuando vio al filósofo ahogándose.
-¡No sé nadar! -gritaba desesperado- ¡Te dije que habías perdido la mitad de tu vida por no conocer a Schopenhauer, y ahora yo voy a perder mi vida completa por no saber algo tan sencillo!


Mientras tanto, Schopenhauer…


 

El filósofo alemán Schopenhauer (1788-1860) caminaba por una calle de Dresde, buscando respuestas para preguntas que lo angustiaban. En determinado momento, encontró un jardín, y se dispuso a pasar las horas contemplando las flores.
Un vecino sospechó del extraño comportamiento de aquel hombre y fue a llamar a la policía. Algunos minutos después, llegó un agente y se acercó al filósofo:
-¿Quién es usted? -le preguntó el policía en tono áspero.
Schopenhauer miró de arriba abajo al hombre que tenía delante.
-Eso es justamente lo que intento averiguar mientras observo estas flores. Si usted pudiese darme la respuesta, le estaría eternamente agradecido.


Y mientras camina…
Un hombre que paseaba por el campo se topó con un espantapájaros.
-Debes de estar cansado de estar siempre aquí, en este campo solitario, sin nada que hacer -comentó el hombre.
Respondió el espantapájaros:
-El placer de alejar el peligro es muy grande, y yo nunca me canso de hacerlo.
-Entiendo. Yo también he actuado así últimamente, con buenos resultados -afirmó el hombre.
-Pero sólo se pasa la vida espantando las cosas aquel que está lleno de paja por dentro -repuso el espantapájaros.
Al hombre le llevó algunos años comprender esta respuesta: todo cuerpo que tenga carne y sangre en su interior, ha de aceptar de vez en cuando lo inesperado. Pero quien no tiene nada por dentro, continuamente aleja todo lo que se le aproxima; y, así, ni siquiera las bendiciones de Dios consiguen acercársele.

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