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Duque, 365 días liderando un «gentío»

01 de julio de 2019 - 12:00 a. m.

Comienzan los análisis de los 365 días del gobierno del presidente Iván Duque. El camino más rápido para aproximarse a esa evaluación es ir de inmediato a los ratings promediados de las encuestas y sobre ellos reposar ataques o defensas de la era Duque. Prefiero recurrir en estos momentos de reflexión a la premisa de que cuando se pretende ser un líder reformista -desde mi punto de vista Duque quiere serlo-,  siempre se vive en zozobra porque los cambios que quiere hacer llegan tarde para los beneficiados y muy rápido a los más afectados.

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El presidente Iván Duque no nació ayer en el ámbito de la política. Sus enemigos de ocasión quieren graduarlo como advenedizo en los avatares de lucha por el poder. Es retoño de las entrañas de un sistema que, a fuerza de conocerlo, pretende cambiar. Esa remembranza de sus orígenes son un bálsamo que permite balancear las más ortodoxas y radicales posiciones de los primeros afectados con su reformador liderazgo: el Centro Democrático. En este grupo político quieren un presidente beligerante, gritón, salido de casillas y preocupado por la microgerencia, antaño sello del líder de este sector. La gerencia que concibe Duque es diferente.

Algunos reclamos de sus opositores, respetables, parecen evocar un país que ya no es el mismo que gobernaron políticos conocidos como la generación del  “Estado de sitio” o la de los “posconstitución de 1991”. Duque recibió un país distinto. Una nación menos violenta. Con conflictos, pero con un enemigo menos: las Farc. Con una clase media más fuerte. Colombia fue el país en el mundo que más crecimiento tuvo en este segmento de su población. Más ingresos son igual a mejor educación. Es una realidad: la Colombia de la Presidencia Duque es muy diferente a la que gobernó el paradigma que los “dinosaurios” del partido en el poder añoran.

Si llegara un suizo con la idea de semejar nuestra patria con la edad generacional de cualquier ser humano, no dudo que nos dejaría en la adolescencia: edad donde se pelea por todo y contra todos. A veces los propios contradictores de Duque quisieran verlo desde el púlpito de la presidencia lanzando dardos y ofensas. Piensan algunos con el deseo leer un tweet lanzado desde la cuenta del presidente con tintes de ofensa contra Juan Manuel Santos o Germán Vargas Lleras por sus dominicales columnas contra las políticas de su gobierno. Lo que encuentran es una persona decente, que controvierte con conocimiento y a profundidad los temas que confluyen en esta paradójica bicentenaria nación.

Duque entiende que liderar no es fácil. Que ejercer el poder requiere altas dosis de paciencia donde prime la razón sobre la pasión. Estos primeros 11 meses los dedicó a “chulear” los temas doctrinarios de su partido. No fue exitoso. La agenda política tuvo muchos tropiezos en gran medida por su idea de tener relaciones respetuosas e independientes con el Congreso. Si queremos regresar a los “auxilios parlamentarios” o a los  “cupos indicativos”, pues digámoslo duro y de frente. De lo contrario, tenemos que acostumbrarnos a unas relaciones sinceras, para no volver a las conveniencias pasajeras de una época a la que no quisiéramos regresar.

En algunas instancias del gobierno hay lentitud al momento de pasar de la teoría a la acción. Es necesario que la administración Duque muestre  “victorias tempranas”, porque en la realidad los problemas del día a día de los colombianos no dan espera. Ojalá dejen tanto alegato “antipaz”. Superada la controversia de las objeciones a la JEP, deberían implementar el punto del agro. El campo merece conocer la palabra tranquilidad.

Duque le está hablando a una generación que no cultiva el odio como medio para acceder al poder. Quiere un país donde a fuerza de sensatez construyamos un tipo de futuro diferente al propuesto por sus antecesores, quienes con azote en mano intentaron gobernar este “gentío”.

@pedroviverost

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