El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El COVID-19 busca quien le escriba

15 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

Los historiadores profesionales siempre recurren a fuentes de análisis confiables. Uno de esos instrumentos son las cartas escritas por protagonistas de los hechos o por quienes estuvieron en capacidad de relatar de forma confiable los sucesos motivo de estudio. Por medio de esquelas como las que le escribiera Svetlana Stálina a su padre y dictador soviético Joseph Stalin, podemos saber que ella le daba ordenes en un “juego de poder” que tenían entre ellos.  Ejemplo de eso es la orden diaria No 3 donde le dice: ¡Te ordeno que me enseñes qué pasa en el Comité Central! Y remataba la misiva de la siguiente manera: ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL, Stálina, el jefe. Así supimos que alguien, así fuera de forma juguetona, controlaba al “hombre de acero”.

PUBLICIDAD

También en el cambio de mando de países como los Estados Unidos, el presidente saliente suele dejar en el escritorio del salón oval de la Casa Blanca una carta con algunas reflexiones al mandatario que ingresa a ejercer el poder. Una de las más recordadas por su elegancia es la que dejara George H. W. Bush a Bill Clinton el 20 de enero de 1993: “Serás nuestro presidente cuando leas esta nota. Te deseo lo mejor. Le deseo lo mejor a tu familia. Tu éxito es ahora el éxito de nuestro país. Estoy contigo. Buena suerte. George”. Eran otros tiempos. ¿Qué dirá la carta, en caso de no ser reelegido, que le dejará Donald Trump a Joe Biden?

Otro de los elementos fundamentales al momento de estudiar nuestro pasado son los diarios. De este tipo uno de los más recordados es el de Ana Frank, la niña judía que fue víctima de los horrores del Holocausto Nazi. Su padre Otto le entregó al mundo este documento que permitió conocer el sufrimiento de una familia escondida detrás de una pared falsa de una casa en Amsterdam. Una frase de su escrito íntimo permite ver las contradicciones de la guerra: “A pesar de todo, sigo pensando que la gente es buena”. Sus reflexiones son pieza fundamental de los miles de libros de académicos, escritores o periodistas sobre las causas y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.   

El domingo pasado los colombianos pudimos leer una carta de puño y letra del expresidente conservador Laureano Gómez donde registra sus apreciaciones de la gripa española y sus efectos en Colombia y el mundo. En un aparte confirma la muerte en los Estados Unidos de “Gabriel Suárez O, hijo D Marco” a causa de la epidemia. Por la muerte de su hijo, en Pittsburgh el 14 de octubre de 1918, el presidente de ese momento Marco Fidel Suárez pidió un empréstito que fio con su salario para repatriar el cadáver. Meses después el mismo Laureano se encargó de denunciar a un hombre decente quien no tenía recursos para traer los despojos de su descendiente. Paradojas que los cronistas solo pueden validar por este tipo de documentos.

Cómo no acordarse que tenemos documentos como la carta escrita por Abraham Lincoln en 1850, donde da consejos para ejercer la labor de abogado: “La clave del éxito está en trabajar, trabajar y trabajar”, o el recuerdo que nos evoca el expresidente Alfonso López Michelsen al rememorar que Jorge Eliécer Gaitán hizo suya una frase que repetía Vargas Vila para sí mismo: “Yo no soy un hombre. Soy un pueblo”. 

En la crisis del COVID-19, donde más de 3.000 millones de habitantes del mundo estamos confinados, no podemos exclusivamente seguir los acontecimientos por medio de teleconferencias, teleclases, teletrabajos o historias que las estrellas suben a Instragram, Twitter o Facebook. Una cosa es la válida y moderna forma como lanzamos mensajes a los “cuatro vientos”, casi siempre elaborados para solventar una imagen, y otra muy distinta es relatar nuestros reales sentimientos de soledad, desasosiego, angustia, hambre, impotencia, frustración y temor, que dudo se puedan registrar en 280 caracteres.

Definitivamente si no escribimos hoy y en estos momentos, de pronto estamos condenados a olvidar nuestras propias historias. 

@pedroviverost

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias