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Ciencia y tecnología: ¿por fin?

07 de enero de 2009 - 08:31 p. m.

EL CONGRESO APROBÓ EN 2008 LA Ley de ciencia y tecnología, que introduce modificaciones a la actual organización del área. Presentado por la senadora Martha Lucía Ramírez, el proyecto fue discutido por iniciativa suya entre actores públicos, privados y de la academia y, por supuesto, “peluqueado” en el proceso legislativo. Dado el bajo interés por tales temas, es reconfortante que el proyecto haya sobrevivido.

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De acuerdo con el representante Jaime Restrepo, quien como rector de la U. de Antioquia contribuyó a impulsarla como primer centro de investigación y desarrollo en Colombia, y con el director de Colciencias, Francisco Miranda, veterano  también en el campo, dos aspectos básicos se destacan en la Ley. En primer lugar, la conversión de Colciencias en Departamento Administrativo y su asiento en el Conpes; segundo, la creación de un fondo que permitirá agrupar recursos públicos y de cooperación internacional para CyT.

Lo primero, según Miranda, propiciará que “la ciencia, la tecnología y la innovación en el país pasen a ser variables fundamentales de la discusión de las políticas económicas y sociales…”. En cuanto al fondo, de acuerdo con Restrepo, “ahora sí” se podrá invertir en actividades de CyT el 1% del PIB.

Casi dos décadas después de aprobada la Ley 29 (1990), que creaba el marco institucional para CyT, y de sucesivos análisis y propuestas, uno se pregunta si no hay repetición de ilusiones.

Al cambiar en 1990 la adscripción de Colciencias del Ministerio de Educación a Planeación Nacional, se pensó que el tema sería prioritario por la doble condición de ser el DNP la organizadora de la inversión pública y la secretaría técnica del Conpes. Mejor lugar, imposible.

En el 94, la misión de sabios, compuesta entre otros por Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, Eduardo Aldana, Ángela Restrepo y Eduardo Posada, recomendaba “como meta mínima que en los cinco años que nos separan de 2000 se pase del actual nivel de 0,4% del PIB, al 2% del PIB dedicado a apoyar investigación y programas de desarrollo científico y tecnológico” (Al filo de la oportunidad, 1994).

Aunque en esta ocasión no se discuten los innegables avances en nichos específicos en materia de investigación y desarrollo, el balance colombiano es pobre. En los indicadores utilizados en el mundo actual en materia de avance en CyT Colombia se raja. Trátese de la inversión pública y privada (que hoy no araña el medio punto del PIB), de las patentes solicitadas y aprobadas por habitante o de los indicadores de competitividad del tipo Foro Económico Mundial, Colombia anda mal.

¿Problemas de diseño institucional? ¿Ausencia de interés de los empresarios? ¿País anclado en sus viejas ventajas competitivas, legales e ilegales?

Mientras no se comprendan las palabras del comisionado Llinás en el 94, será difícil aclimatar una cultura proclive a CyT: “El activo más valioso de Colombia es su gente. Su valor estará determinado por su nivel educativo, sus aportes culturales y su capacidad científica y tecnológica. Es necesario que Colombia ingrese en el menor lapso posible al nuevo orden científico y tecnológico y que emprenda una revolución civilizadora. El nuevo orden económico mundial está determinado actualmente por el liderazgo en ciencia y tecnología”.

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