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Con su pasito apurao…

29 de diciembre de 2014 - 09:00 p. m.

“Yo vi de una garza mora dándole combate a un río, así es como se enamora tu corazón con el mío…”.

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Un cuatro, tres acordes, la lentitud de la tonada llanera, la voz de Simón Díaz, uno que otro silbido y el chasquido de unas maracas bastan para producir trance en quien la escucha. Y no menos si la canta Caetano Veloso, el maestro de Bahía, o Cecilia Todd, especialista en cantos de ordeño y en la música del tío Simón.

La tonada, una de las muchas variedades de la música llanera, que parecía extinta hace unas décadas, está más viva que nunca gracias a Simón Díaz, otro grande, venezolano, que se fue en 2014.

¿Y qué tal Sabana, otra tonada casi en susurro? “Con tu brisa de mastranto, tus espejos de laguna… Centinela de palmeras que se asoman con la luna… aquí me quedo contigo, aunque me vaya muy lejos, como tórtola que vuela y deja el nido en el suelo”.

O la Tonada del cabrestero: “No llores más, nube de agua, silencia tanta amargura, que toda leche da queso, y toda pena se cura, lucerito…”.

No sólo las tonadas. Díaz se volvió famoso por Caballo viejo, pasaje compuesto en 1980. Muchos la conocieron por la versión del cubano Roberto Torres, aunque muchos la han cantado: Celia Cruz, María Dolores Pradera, Plácido Domingo…

¿Quién no se derrite con La vaca Mariposa? “La vaca Mariposa tuvo un terné… un becerrito lindo como un bebé…. ‘Dámelo, papaíto’, dicen los niños cuando lo ven nacer…”?

No hay fronteras entre Venezuela y Colombia cuando se trata de los maestros llaneros. Nuestro ya desaparecido Miguel Ángel Martín (que ni con Carmentea pudo robarle un besito a Carmen Teresa Aguirre), David Parales, el Cholo Valderrama, el Indio Figueredo, padre de los arpistas, Simón Díaz, el Carrao de Palmarito, Scarlet Linares y tantos otros, son, simplemente, llaneros.

Los Llanos, esa tierra que comparten Colombia y Venezuela, además de petróleo y de la violencia (en el lado de acá), siguen produciendo pajarillos, quirpas, zumba que zumbas, sanrafaeles, seis por derechos, gabanes, pasajes, tonadas y otras variedades y, lo mejor, jóvenes intérpretes y audaces propuestas que renuevan la música llanera.

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Algo que sí hay que decir: en Venezuela hay, de lejos y desde hace décadas, más apoyo a la preservación y el fomento de la música llanera. El cuatro es instrumento de conservatorio y es común ver a Gustavo Dudamel, con la Sinfónica Juvenil, dirigiendo arreglos como Fuga con pajarillo, que, fácilmente, puede poner a bailar a un siberiano en invierno.

En Colombia hay grandes esfuerzos alrededor de casas de la cultura en algunas capitales llaneras, que inculcan la práctica de la música en los niños. En los festivales aparecen nuevas propuestas que ratifican que la música llanera se actualiza. Sin embargo, son necesarios más apoyo y mayor iniciativa, incluyendo programas de conservatorios, investigación, divulgación, intercambios.

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Como dijo Simón: “Cómo no quieres que cante, cómo no quieres que cante, como canta un corazón”.

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