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Desempleo juvenil: pandemia sin atención

03 de marzo de 2020 - 12:00 a. m.

Crecimiento de la economía colombiana por encima del promedio de América Latina y desempleo, de lejos, también, superior: un cuadro decepcionante, en especial, para los jóvenes, los mas afectados.

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Sí, la economía creció por encima del 3% en 2019, más que los países de la región, victoria cantada y celebrada a los cuatro vientos. También, dentro de los países de la región con los que solemos compararnos, ostentamos la tasa más alta de desempleo, derrota dolorosa y recurrente.

Según el DANE, el desempleo fue de 13 % en enero, de lejos superior al de Chile, Perú, México, Argentina y Brasil. Los otros datos también se repiten en nuestras ciudades: Quibdó, con desempleo del 20 %, Ibagué raspando 19 % y Florencia el 18 %. Los orgullos del empleo, Cartagena y Barranquilla, con tasas del 8,4 %, superiores a las de cualquier país de la OCDE.

La informalidad (Fedesarrollo, trim. Sept-Nov. 2019) es del 47 % en 23 ciudades. A lo anterior hay que añadirle el subempleo, una medida difícil de acotar, que el Dane clasifica en subjetivo y objetivo, referido al deseo de mejorar ingresos y aumentar el número de horas trabajadas.

El desempleo de los jóvenes, aquellos menores de 28 años en el mercado laboral, entre noviembre del 2019 y enero de 2020, fue de 17,6 %. Hay datos por ciudades alarmantes: en Ibagué el desempleo juvenil es del 29 %.

Sobra decirlo: el drama no es responsabilidad de Duque. El fenómeno lleva años, con datos similares, reproduciéndose, simplemente porque la generación de riqueza en Colombia y nuestros intercambios comerciales con el mundo no están montados, en general, sobre actividades que demanden suficientes puestos de trabajo, particularmente calificados.

La ausencia de conciencia frente a lo que ocurre en el mundo en materia de empleo en los nuevos contextos, es grave. Hay dirigentes que lo saben. Deben actuar sin pérdida de tiempo.

En una época en la que en el planeta se abren paso conceptos y prácticas alrededor de la Industria 4.0 y la cuarta revolución industrial, está mas vigente que nunca la “economía del conocimiento”.  Los cambios provocados por la tecnología, la globalización de los mercados y la obligada reacción frente al deterioro climático ocurren a una velocidad sin precedentes. Pareciera que, como sociedad, no lo comprendiéramos.

Los empleos en unos pocos años no serán los que conocemos. Estarán, muchos, relacionados con las fábricas inteligentes, internet de las cosas, inteligencia artificial, impresión 3D, biotecnología, comunicaciones sin precedentes.

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Nuestros colegios y universidades, la educación inicial, deben cambiar y estar articuladas entre sí. La forma de aprender tendrá que estar asociada a la idea del estudio durante toda la vida. A las competencias “duras” les acompañan las “blandas”, es decir, las habilidades de cooperación y del trabajo en equipo, liderazgo, empatía, comunicación.

Que los jóvenes colombianos puedan trabajar y vivir con dignidad en un mundo caracterizado por alta incertidumbre, intercomunicado a un nivel que apenas vislumbramos,  diverso, en el que las ocupaciones, los modelos pedagógicos y de negocios serán otros, debería ser una preocupación de la dirigencia empresarial, académica y política colombiana o, al menos, de quienes comprendan la magnitud del reto.

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