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Espiritualidad, guerra, homofobia

08 de septiembre de 2014 - 09:27 p. m.

Una cosa es la dimensión espiritual del ser humano. Otra, la instrumentalización de lo sagrado.

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La invocación a Dios de parte de políticos extremistas en todo el mundo sirve a causas diversas, con el común denominador de la pretensión de aplastar a otros por fuera del marco de sus creencias. Desde el degollamiento, ejecutado por fanáticos suníes, de periodistas norteamericanos, provenientes de familias creyentes, hasta los ataques a los derechos de la población homosexual, hay un hilo conductor en los protagonistas: creen interpretar la voluntad de Dios.

Los bárbaros del Estado Islámico de Levante, dirigidos por un señor que se proclama califa de todos los musulmanes, buscan borrar del mapa a la población chiíta y, en consecuencia, han ejecutado sumariamente a miles de iraquíes. Han ganado algún apoyo popular en el norte de Irak gracias a que el hasta hace poco primer ministro iraquí, Maliki, para quien Dios es chiíta, excluyó a los sunitas del gobierno… y del presupuesto.

Más de una década atrás, Bush, aliado con Blair, Aznar y otros, bajo el pretexto de las armas de destrucción masiva en Irak y en contra del terrorismo, propició la lucha contra el “eje del mal”. Los encarnizados enemigos de Estados Unidos por años, las milicias chiítas, son hoy los aliados contra los trogloditas del Estado Islámico. Vaya confusión divina.

En un plano más cotidiano, cuando no se trata de guerra santa, hay otros espacios disponibles para otros fanáticos. Uno de los preferidos es el de meterse en las cobijas de la gente.

Un emblemático candidato a teniente gobernador en Virginia en 2013, el obispo afroamericano E.W. Jackson, proclama, para satisfacción del ala extrema de los republicanos, con ecos en todo el mundo, que los gais son “pervertidos” y “gente muy enferma”. Para Jackson y para muchos, las organizaciones en defensa de la secularidad son expresiones, literalmente, del poder demoníaco.

Otra narrativa coincidente se refiere a la composición de la familia. Por supuesto, la conformada por padre, madre e hijos es uno de los modelos más frecuentes de organización familiar. Pero no el único. Los hay de madre soltera, de niños criados por la abuela, por los tíos y tías, de personas que viven solas, de padres separados con o sin pareja y, también, de parejas homosexuales. Amor, cuidado y respeto a la dignidad humana deberían ser las claves en la crianza de los niños en las sociedades modernas.

La adopción por parte de parejas homosexuales levanta polvareda de parte de algunas organizaciones en el mundo entero. Bienvenido el debate con respeto. Sin embargo, las protestas en este ámbito no guardan simetría con casos de pederastia. El último conocido, el del nuncio Wesolowsky<, apodado “el italiano”, que abusó sexualmente de niños dominicanos entre 2008 y 2013, es un dolor de cabeza para el papa Francisco, que anunció, por primera vez, cero tolerancia frente a estos casos extremos de maltrato infantil.

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