El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Glifosato, agua bendita

04 de mayo de 2015 - 11:15 p. m.

Consuela que, en 2015 el ministro de Salud solicite la suspensión del uso de glifosato en la aspersión aérea para la erradicación de cultivos ilícitos. El argumento: el herbicida puede causar cáncer en humanos.

PUBLICIDAD

Coincide la posición del ministro Gaviria con la revelación, más bien confesión, acerca del estruendoso fracaso de la política contra las drogas en lo que se refiere a las aspersiones: de acuerdo con la Oficina para el Control de Drogas de la Casa Blanca (ONDCP), el área cultivada en Colombia aumentó en 39% en 2014, ni más ni menos que a 112.000 hectáreas. Un área similar a la de vísperas del Plan Colombia en 1999.

¿Qué le vamos a hacer? Colombia es potencia mundial en la producción de clorhidrato de cocaína y los dividendos del negocio son el combustible de buena parte de la violencia que vive el país y, más sutilmente, un elemento clave de entorno de la cultura “narca” y la corrupción que campean por ahí.

En un país de funcionarios obedientes durante décadas, es meritoria la posición de Gaviria. Sin embargo, los argumentos del daño a la salud son conocidos, al menos, desde comienzos de siglo. Entonces no era políticamente correcto dudar de las bondades del tóxico, agua bendita.

Juan Manuel Ospina, senador del P. Conservador, y el suscrito, del movimiento de A. Mockus, realizamos en agosto de 2001 un debate de control político, reconocido como uno de los mejores en la legislatura, sobre la política antidrogas. Uno de los aspectos se refería al impacto ambiental y sobre la salud humana. Nos documentamos con centros de investigación colombianos, europeos y norteamericanos. Entre diversos argumentos expuestos, algunas citas:

“El glifosato, en una de sus principales formulaciones, Roundup, se encuentra mezclado con un surfactante llamado POEA, polioexietilamina, el cual es cinco veces más toxico (que el glifosato “simple”)… En Colombia se emplea Roundup Ultra, que contiene una mayor concentración de glifosato y POEA, que el simple Roundup… Se le adiciona otro surfactante que puede cuadruplicar la acción biológica del tóxico, el Cosmoflux… Estos surfactantes no detergentes, al entrar en contacto químico o biológico con las superficies de los organismos, causan un efecto corrosivo…”.

“Recientemente, dos investigadores suecos publicaron en el Journal de la Sociedad Americana de Cáncer un estudio que comprueba los claros vínculos entre el glifosato y el linfoma no Hodgkin, una forma de cáncer. Su investigación refuerza las preocupaciones de ambientalistas y profesionales de la salud en el sentido de que los cultivos resistentes al glifosato y aquellos que son expuestos al mismo pueden guardar residuos del herbicida que, una vez absorbidos por los consumidores a través de los alimentos, pueden facilitar la adquisición del linfoma no Hodgkin…”.

Corría el año 2001. La Defensoría del Pueblo se unió a la denuncia. Los ministerios de Salud y Medio Ambiente callaron. Al menos, catorce años después, alguien revira.

Conoce más
Ver todas las noticias