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Paz querida: ¡Voto sí!

27 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

Un cuarto de siglo después de aprobada la nueva Constitución colombiana y a 26 años de la caída del muro de Berlín, los colombianos tenemos, por fin, la oportunidad de votar a favor de la paz.

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Conflicto absurdo entre compatriotas que no encuadra dentro de las tipologías que caracterizan las confrontaciones actuales y que llega su fin. No hay razones de tipo étnico, religioso, o de pugnas regionales o nacionalistas para que colombianos maten colombianos.

Centenares de miles de muertos y millones de víctimas incluyendo mujeres, hombres y niños desplazados, es un saldo terrible intraducible en inversiones que pudieran haberse realizado en educación, infraestructura y, en general, en equidad social y económica.

Lo ocurrido en La Habana el pasado 23 de junio es una maravilla para Colombia, dada la cultura de resolver por las malas las desavenencias. Hemos sido, por tradición, habitantes de un país donde desconfiamos unos de otros, donde carecemos de visión de largo plazo. “Piensa mal y acertarás”, es uno de los lemas preferidos en estas latitudes. Cualquier negociación, sea en ámbitos como el empresarial o el de la política, se realiza bajo el supuesto de que el interlocutor está “poniendo conejo”. ¿Cómo fue posible sacar adelante un proceso entre el Estado colombiano y la guerrilla más antigua del mundo con tales prerrequisitos culturales?

Definitivamente a las dos partes hay que abonarles sus aportes. Al presidente Santos, por su perseverancia, a pesar de tantos “floreros de Llorente” para mandar todo al diablo en La Habana y tanta tentación y presión para seguir en el mismo camino estúpido de considerar que la guerra, después de medio siglo, es la solución.

Ello, a pesar de los bajos índices de popularidad y de la inmensa habilidad política y publicitaria de los enemigos del proceso. Un proceso bien pensado, diseñado para no reproducir los errores del pasado, sin concesiones territoriales que dieran paso a inmensos abusos como fue el caso de la zona de distensión del 99.

La presencia de verdaderos duros como los generales Mora, Flórez y Naranjo ha sido crucial en la construcción de confianza en años ingratos de incertidumbre y desaliento en las negociaciones.

A las Farc porque, como lo dice La Silla Vacía, se bajaron de la lista al Niño Dios que sus peticiones representaban en la mesa y porque aceptaron las reglas de juego de nuestra imperfecta democracia para hacer política sin armas.

Y, por supuesto, gracias a Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, y a funcionarios como María Ángela Holguín, que no desfallecieron. Porque han logrado crear un marco de verificación internacional que nos da garantías a los colombianos de un proceso limpio con dejación de armas.

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La Paz Querida es un grupo de 42 personas, incluyendo militares en retiro, solidarios con todas las víctimas de todos los actores del conflicto armado, comprometidos con la participación de la sociedad colombiana en la puesta en marcha de los acuerdos de La Habana. Votaremos por el fin del conflicto.

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