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¿Preparados para un terremoto en Bogotá?

25 de octubre de 2010 - 09:54 p. m.

MIENTRAS SE DEBATE CUÁLES SErán los damnificados del terremoto de los carruseles en Bogotá, hay un tema de interés público que algunos aún consideran cantaleta.

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Si hubiera un terremoto como los recientes de Haití y Chile, ¿se cuenta con la información y la capacidad requeridas para tomar medidas que mitiguen las consecuencias? La respuesta en los dos países refleja cómo un mismo fenómeno puede enfrentarse de formas diferentes y con resultados tan opuestos.

Es lugar común afirmar que en Bogotá podría ocurrir pronto un terremoto. La historia sísmica de Bogotá da cuenta de siete sismos de alta magnitud entre 1743 y 1967, tres de los cuales se califican de severos (1785, 1827 y 1917: Sociedad Geográfica de Bogotá, Historia Sísmica de Bogotá, 2004). Una diferencia con la Bogotá de 1917 es que aquella no alcanzaba 150.000 habitantes y la ciudad metropolitana de hoy bordea los ocho millones.

Ciudades como Bogotá son, de hecho, conglomerados complejos, sujetos a cambios profundos en el curso de pocos años. Migraciones por violencia, cambios ocupacionales, desempleo, educación, internet, cambio climático, son algunos de los factores que cambian la ciudad. Un terremoto es, fatalmente, un factor de cambio.

La eventualidad reclama enfoques científicos multidisciplinarios de largo plazo que examinen el tema en el marco de los sistemas complejos. Los enfoques unidisciplinarios, predominantes conducen a diagnósticos y medidas parciales que pierden de vista las propiedades resultantes de los sistemas complejos.

Las autoridades distritales han incrementado las medidas preventivas y trabajado en el diseño de acciones en caso de un terremoto, como el simulacro de semanas pasadas. No obstante, simulacros de evacuación, movilización de ambulancias, disposición de quirófanos, son medidas aisladas y no sistémicas. Cada entidad “hace su tarea”.

Como pequeña muestra de inquietudes, ¿se ha pensado que las ambulancias podrían no poder circular si determinadas arterias viales colapsan por efecto del sismo? ¿Se ha tenido en cuenta que bajo nuestras calles y andenes corren ductos de gas, telecomunicaciones, energía y que podrían ocurrir incendios que interrumpan la prestación de servicios públicos por largos períodos de tiempo? ¿Que los armarios telefónicos podrían inundarse y no habría línea 123 que valiera? ¿Cuáles son los planes B, C y D?

La eventualidad del terremoto exige enfoques científicos que involucren físicos, ingenieros, antropólogos, economistas, sicólogos, químicos, geólogos. Así lo propone Paulo Orozco, físico doctorado en Inglaterra, ex presidente de las empresas de energía y telecomunicaciones de Bogotá, que dirige el Centro de Estudios Interdisciplinarios (Ceiba) que, a su vez, articula varios grupos de investigación en sistemas complejos de universidades como la Nacional, los Andes y el Rosario.

La ciencia puede y debe echar una mano al análisis de un evento que puede ocurrir en cualquier momento, siempre y cuando cuente con el apoyo de la sociedad.

 

 

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