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Santos… a pesar de todo

19 de mayo de 2014 - 10:24 p. m.

La política colombiana es como la trama de la Gente de la Universal, una película criolla que retrata la traición entre cercanos, la corrupción, la búsqueda de la buena apariencia y la ausencia de mala conciencia de todos.

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El sobrino del detective dueño de la Universal duerme con la tía política y aquel con la mujer del cliente que, encarcelado, le paga para que la espíe. Desconfiados y agresivos, las reglas de juego pactadas se rompen a conveniencia y, finalmente, no cumplen con sus compromisos.

No hay comentarios sobre la guerra sucia entre las dos campañas que lideran las encuestas, integradas por antiguos colegas en lides electorales. Ni para justificar las mentiras y las tácticas acomodaticias de pretender pasar de practicantes de conductas delictuales (la no reconocida cercanía con un hacker mediocre que asesoraba en materia de marketing político, practicante ilegal de intromisiones en las comunicaciones de La Habana y de opositores, mercenario de la información y sublime embaucador), a la de víctimas. Una verdadera vergüenza “espiritual”…

Hace cuatro años las tácticas sucias estaban, también, a la orden del día. Las técnicas criollas de agresión al contrincante, de la calumnia, no requieren de jotajotas. Colombia, al respecto, le da cátedra al mundo entero. (Un inofensivo ejemplo, intrascendente, tenía que ver con el ahogamiento sistemático a las columnas de opinión en favor de Mockus a través de miles de comentarios ofensivos en línea, de oficio, en favor del candidato que ganó. Entre otras, hay que recordar que Antanas era calificado de “caballito discapacitado” por el entonces presidente).

A pesar de todo, votaré por Santos. Quería hacerlo por otra persona en primera vuelta, pero me ha arrastrado la polarización. Lo haré por varias razones. Aunque las Farc me parecen adecuadas protagonistas de la Gente de la Universal, con miles de muertos encima, amén de secuestros y extorsiones, considero que hay una ventana, impulsada por Santos, sin repetir errores de 1998, que le puede ahorrar incontables sufrimientos al país. Que las negociaciones de La Habana se vayan al traste significa, al menos, 15 años más de lo mismo.

Creo que es bueno para el país que las relaciones con el vecindario no sean de ruptura y que se abran espacios hacia el Pacífico, independiente de la atroz polarización venezolana emprendida por el gobierno de Caracas. Son mercados para bienes y servicios colombianos (quien crea que eso es castro-chavismo, debería recordar que Franco mantuvo excelentes relaciones con Castro entre el 58 y el 75, año de su muerte, con no pocos dividendos para España).

La razón más importante, sin embargo, es la de la posibilidad de no ser acreedor de los títulos de “terrorista” y de la agresión y persecución por pensar y actuar diferente. Santos no es el mejor ejecutor. Sus logros en educación son pobres. Sin embargo, creo que su apuesta por la paz es de largo aliento y su talante no despierta el miedo del Vladimir local.

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