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Sin talento calificado no hay paraíso

13 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.

Si los líderes públicos, sean funcionarios, empresarios o académicos, no se pellizcan, Colombia consolidará una posición de notoria inferioridad en la generación de talentos, factor clave en la creación de riqueza en el mundo contemporáneo.

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El crecimiento reciente del PIB y, con él, del ingreso per cápita, darían para creer que vivimos en un país emergente que realiza importantes inversiones en su capital humano y que construye capacidades de innovación basadas en el conocimiento, la innovación y la creatividad.

Los funcionarios están felices con la lotería minera y petrolera. Que los estudiantes de la educación pública y buena parte de la privada no hablen una segunda lengua y que Colombia no irrumpa con bienes y servicios innovadores en los mercados internacionales, no es problema, gracias al baloto primario.

Aunque hay importantes esfuerzos regionales, como el caso de Ruta N en Medellín, que articula procesos de innovación uniendo actores de la academia, la investigación y las empresas, los orgullos oficiales del crecimiento están centrados en sectores que bien pueden seguir rindiendo divisas sin que haya que invertir mayor cosa en capacidades de innovación.

En el contexto global, la calidad de la educación, en todos sus tramos, con las excepciones del caso, es deficiente. Matemáticas, lectura y escritura, ciencias, gestión de información digital, son ámbitos en que niños y jóvenes se rajan de forma inmisericorde en las distintas pruebas internacionales.

Son cuatro o cinco universidades colombianas (de las 288 instituciones de educación superior) las que alcanzan a clasificar entre las primeras mil del mundo, de acuerdo con algunos de los rankings más conocidos (Times Higher Education, Universidad de Shanghai, Cibermetría, 2011-12).

Mientras que en las economías avanzadas y en países emergentes que le apuntan al conocimiento como fuente básica de prosperidad, aquellos estudiantes que cursan ciencias básicas representan entre el 5% y el 15% de la población estudiantil (OECD, 2011), en Colombia seguimos felices graduando economistas, administradores y abogados (importantes, pero no tanto), mientras que sólo el 1,6% estudia ciencias básicas (MEN).

La participación de los ingenieros es difícil de medir, dado que el MEN, en sus estadísticas, los une con arquitectos y carreras afines. En países altamente innovadores, la suma de estudiantes de ciencias e ingenierías, como Corea del Sur y China, representan el 37% y el 47%, respectivamente, de la matrícula total universitaria. Según el MinTIC, hay hoy menos ingenieros de sistemas colombianos en el mercado que hace diez años.

A los retos globales del siglo XXI (población, agua, cambio climático, medio ambiente, sostenibilidad, terrorismo y conflicto, bienestar, energía, salud) hay que añadir el de superar la visión de enclave minero y petrolero que anestesia a algunos líderes públicos frente a la calificación del principal recurso, el talento, cuya materia prima abunda en Colombia.

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