Cuando hace menos de un mes se conoció que la Registraduría daba luz verde a la recolección de firmas para que, por la vía del referendo, fuera derogada la Justicia Especial para la Paz, entre otros actos legislativos aprobados con el mecanismo del “fast-track”, parecían cumplirse los peores vaticinios que algunos asociaban al triunfo de Duque: que el ala más radical del Centro Democrático (CD) se saldría con la suya, es decir, la de destrozar el acuerdo de paz.
Echar para atrás el proceso, tumbando los principales baluartes, como la JEP, estaba, desde hacía rato, en la agenda del CD, particularmente de las senadoras Paloma Valencia, Paola Holguín y del representante Álvaro Hernán Prada (hoy con algunos líos relacionados con la inducción de cambios en las versiones de testigos de ciertos hechos de sangre).
El triunfalismo en las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales no se hizo esperar: “No se puede derrotar a quien nunca se rinde, Colombia no se rinde y no vamos a permitir que estos criminales y los corruptos del gobierno de Juan Manuel Santos utilicen la paz para destruir las instituciones colombianas”, dijo la primera de los congresistas mencionados.
Por eso suena alentadora la respuesta de la vicepresidente, Marta Lucía Ramírez, en la entrevista que le hizo El Espectador, cuando le preguntaban acerca del procecedimiento especial para miembros de la Fuerza Pública involucrados en el conflicto:
“Aquí hay que diferenciar dos cosas. Una cosa es el Centro Democrático, partido del presidente Duque, que valoramos, respetamos y que será fundamental para nosotros, pero otra es el Gobierno. Y es distinto el presidente Duque. Las iniciativas de varios miembros de su partido siempre las tomaremos en cuenta con el mayor interés, pero las decisiones del Gobierno son del Gobierno y, por esa razón, por ejemplo, el referendo que había para tumbar totalmente la JEP es una decisión que jamás avalaremos porque sabemos que el país, a estas alturas, debe mantener y preservar lo que se pueda”.
Lo que, sencillamente, equivale a entender que ni Duque ni Ramírez son los instrumentos manejables al antojo del CD y su líder.
Los nombres del gabinete, la participación de las mujeres, la tendencia a que predomine el perfil técnico, los nombramientos en ICBF y Colciencias, dan señales que no corresponden a las ideas que se tenían a fines de mayo pasado. Habrá mermelada, con certeza, en embajadas y consulados y también en las regiones.
Sin embargo, las palabras de Marta Lucía Ramírez son refrescantes.