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“Walking dead” digitales

14 de diciembre de 2015 - 09:00 p. m.

Nos devora el volumen de información y la velocidad con que nos llega.

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Al lado de los innegables beneficios de la revolución digital, muchos pierden, en el proceso, su capacidad de atención.

Más allá de las obligaciones relacionadas con la gestión de información que el trabajo o el estudio nos imponen, el bombardeo cotidiano es ineludible. Le hacemos juego y somos parte del mismo. Y, de paso, perdemos la capacidad de concentranos algunos momentos escuchando lo que dice el interlocutor, simplemente porque nos desespera que el móvil no dé señales de que algo, no importa qué, llegó por WhatsApp o Gmail.

En una jornada cualquiera podemos recibir, en la calle, varios impresos noticiosos, publicidad diversa, además de lo que nos llega por el móvil, la tableta o el PC: correos electrónicos, trinos, mensajes por WhatsApp o Messenger, las actualizaciones de los aplicativos, los recorderis de que fulanitos cumplen años hoy y que hay que mandarles una felicitación por Facebook, o cuanto chisme nos cuenten los “amigos” de las redes sociales. Que están en el aeropuerto tal o que comparten la frasecita equis de algún filósofo de farándula, o el comentario mala leche linchando a algún personaje caido en desgracia.

Y, hay que reconocerlo, quienes estamos metidos hasta el cuello en el cuento digital, somos contraparte de los demás, en menor o mayor medida, en la chismografía de las redes. La alimentamos respondiendo con un “jajaja” o su equivalente en “emoticones” (las figuritas que describen nuestro estado de ánimo), y con el reenvío de algún mensaje que nos pareció simpático, que recibimos, digamos que de parte del grupo de los amigos de la oficina, y se lo remitimos a otros.

En todo este contexto se han generado varios mitos. Uno de ellos, el de la capacidad de hacer varias cosas a la vez, el famoso “multitasking”. En realidad, nuestro cerebro no puede, en el mismo instante, concentrarse en la lectura de un texto (supongamos un cuento de García Márquez, o un informe de auditoría) y, simultáneamente, en el acto de escribir un correo electrónico y, a la vez, en disfrutar de la música de Adele que se escucha por los audífonos. El mito se ha abierto paso por la forma en que nos llega la información. Se trata de paquetes breves, que pueden leerse rápidamente y que producen la sensación de haber completado un ciclo. Un trino, por ejemplo, con 140 caracteres, se escribe y se lee en segundos. Así, no es que el “multitasking” sea realidad; simplemente, se pasa, muy rápido, de una a otra tarea que, supuestamente, se resuelve con el trámite de breves eslabones.
Dos de los sacrificados: la lectura minuciosa y paciente de textos, por un lado, y la atención, por placer o trabajo, a lo que dicen los demás. Ya es lugar común: el y ella, en un restaurante, hablando por sus celulares. O el tráfico detenido porque él o ella están respondiendo el útimo chismecito en WhatsApp. O la reunión de trabajo, en la que todo el mundo, concentrado en su móvil, olvida para qué está ahí.

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