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Youtubers: sólo una punta del iceberg

02 de mayo de 2016 - 03:13 p. m.

Lo ocurrido en Corferias con la avalancha de jóvenes y niños convocados por el youtuber Garmendia es sólo una de las muchas manifestaciones disruptivas de la era digital.

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Como en el caso de los artesanos ingleses desplazados por el sistema fabril de la Revolución industrial, que, agrupados en el movimiento ludista, destruían máquinas a comienzos del siglo XIX, las reacciones de la pompa intelectual no dejan de ser tragicómicas e inútiles.

Las plataformas digitales generan nuevas formas de comunicación que están dando al traste con los modelos tradicionales en campos tan disímiles como la educación, los negocios, la salud, el entretenimiento y, por supuesto, la gestión de la información de lo que pasa en el “mundo”: el global y el criollo, el de la política y el desempleo, el de las preocupaciones y deseos de los jóvenes, el del aprendizaje.

Unos jóvenes (estonios y escandinavos) se inventaron Skype por allá en el 2003. Sin invertir en un solo metro de cableado, asestaron uno de los golpes que propiciaron la muerte de la larga distancia tradicional, cuyos operadores se han visto en ascuas para mantenerse en el negocio; los que sobreviven han tenido que reinventarse dentro del mundo de internet.

Y es que esa es una de las características de la nueva economía sustentada en las plataformas digitales: su relación con los activos es completamente diferente a la tradicional. El más grande movilizador de contenidos en el mundo, Facebook, no los produce. La empresa más grande de taxis en el planeta, Uber, no posee vehículos. Airbnb, el mayor oferente de habitaciones, casas y apartamentos, carece de inversiones inmobiliarias. Alibaba, que vende más que eBay y Amazon juntos, que une empresarios y consumidores, no tiene inventarios. Los ejemplos cunden por miles.

Otro rasgo es el de no tener que pedir permiso para expresarse. ¿Por qué la sorpresa de los youtubers? Sea Garmendia (chileno, 27 millones de suscriptores), El Rubius (España), el santandereano Villalobos, Tyler Oakley (EE. UU.; sus videos han tenido más de 535 millones de vistas), la inglesa Zoella (más de 650 millones de vistas de sus obras), tienen algo en común: no le solicitan autorización a ninguna instancia, pública o privada, para publicar lo que les viene en gana, en forma creativa, con mínimos recursos. Y millones de fans.

De paso, un mensaje importante: los youtubers escriben libros y los jóvenes y niños los leen. El hábito de la lectura no está entrando por casa ni por la escuela: gracias, youtubers.

En últimas, lo que hay que entender es que las tecnologías digitales de la información son herramientas. ¿Qué tal, por ejemplo, que los docentes le disputaran unas cuantas horas a la semana al uso de videojuegos de sus estudiantes creando videos breves que faciliten la comprensión y el aprendizaje de las matemáticas, la física, las ciencias sociales, mediante el trabajo colaborativo e innovador con sus alumnos? ¿Y que escribieran buenos textos de apoyo?

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