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El reparo

16 de junio de 2010 - 12:52 a. m.

EL COLAPSO DE LA CAMPAÑA DE Mockus es una mala noticia para la democracia colombiana. Hay muchos votantes que no se sienten cómodos con la campaña de Santos o la perspectiva de un gobierno continuista. Y éstos se van a sentir sin voz en el próximo gobierno.

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Con la excepción del Polo Democrático y un sector del liberalismo, las reservas sobre un gobierno de Santos no son ideológicas. Gran parte del liberalismo, Cambio Radical, conservadores que no estaban ansiosos de adherir a Santos y aún un número considerable de partidarios de Mockus creen que Santos es una persona competente, que quiere y puede hacer las cosas bien.

Lo más probable es que Santos nombre funcionarios honrados y bien preparados en los cargos técnicos del Estado. A diferencia de Uribe, que no podía ocultar su desprecio por los expertos, a Santos parecen gustarle y confía en ellos. En este sentido, el gobierno de Santos debería ser mucho mejor que el de Uribe, que fue más bien malo.

En temas de orden público, tampoco hay motivo para desconfiar. Santos probablemente no comparte la obsesión visceral de Uribe con las Farc. Es posible que no se levante con los gallos a llamar a los coroneles. Pero fue un Ministro de Defensa dedicado y exitoso, y está comprometido con las mismas políticas del actual gobierno.

La política exterior constituye un reto más complejo. A Santos le va a costar trabajo reparar la amistad con Venezuela y Ecuador. Pero va a tener la oportunidad de mejorar los vínculos con los países europeos y los otros países latinoamericanos que se sentían incómodos con el presidente Uribe.

Entonces, ¿cuál es el reparo? El gobierno actual perdió el norte en su trato de la oposición política y los órganos del Estado que no considera dóciles. Se excedió tratando de hacer aprobar una segunda reelección. Hubo muchos abusos y transgresiones. A esto se suma la dificultad del sistema judicial de castigar a los miembros de la fuerza pública que delinquen. ¡Que a estas alturas el ministro de Justicia critique la condena de Plazas con el argumento de que en el Palacio de Justicia no hubo desaparecidos es insólito!

Las reservas sobre un gobierno de Santos residen en el escepticismo sobre su interés en darles prioridad a los temas relacionados con la aplicación de la justicia. Y sus intervenciones en este sentido no son tranquilizadoras. Ha propuesto que el Fiscal dependa del Presidente, con el argumento de que así es en los Estados Unidos. ¿Es esta una justificación convincente en Colombia, sobre todo después del gobierno Uribe? Ha dicho que acabó con los falsos positivos. Pero una cosa es separar unos oficiales de sus cargos y otra es que la justicia sea capaz de meter a militares que cometen delitos en la cárcel. En el debate con Mockus, dijo que nada mejor que un militar para juzgar a otro militar acusado de delinquir. ¿De verdad lo cree?

Santos tendrá que decidir si tratará de retirar el manto de impunidad que hoy cobija a sectores muy poderosos o si fortalecerá el aparato judicial.  No es un tema menor. Un país donde la justicia es tan débil es un país muy vulnerable a la corrupción y la violencia. Y cambiar las cosas para que la justicia funcione no va a ocurrir por generación espontánea, dadas las enormes presiones de quienes se sienten amenazados. Va a requerir gran liderazgo. ¿Lo habrá, a pesar del costo que implicaría?

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