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La mujer del César

12 de febrero de 2010 - 08:36 p. m.

CON FRECUENCIA SE LE CRITICA AL presidente Uribe por nombrar en altos cargos o tener entre su círculo de asesores cercanos a personas cuyos familiares han sido acusados, y en algunos casos declarados culpables, de ser criminales.

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El Presidente responde que la responsabilidad es personal y que no existen las culpas de sangre. Esto volvió a ocurrir hace unos días, en el debate en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, cuando Natalia Springer de nuevo cuestionó estos nombramientos y el Presidente respondió con el mismo argumento.

La respuesta del presidente Uribe es deplorable. En materia penal, la responsabilidad es individual. A nadie se le puede condenar por crímenes que cometen sus parientes. Pero la conveniencia de nombrar en altos cargos a personas cuyos parientes cercanos han cometido crímenes serios, no se limita al ámbito de la responsabilidad penal.

Para determinar la conveniencia de cualquier nombramiento, en el sector público o privado, se analiza la capacidad del candidato para ejercer su cargo de manera imparcial. Se examinan posibles conflictos de interés. Se piensa si las circunstancias de vida del candidato le permiten ser neutral en sus juicios y diligente en el cumplimiento del deber. Y, en materia política, se tiene en cuenta el efecto que el nombramiento tiene sobre la confianza pública, que es el pilar de la democracia.

Según el presidente Uribe, no existe impedimento legal para que el Ministro de Justicia sea hermano de un presunto auxiliador de la mafia. Pero eso no quiere decir que el nombramiento sea sensato ni apropiado. ¿Se le pasa a alguien por la imaginación que, en los Estados Unidos, Franklin Roosevelt hubiera nombrado a Salvatore Capone, hermano del Al Capone, como Fiscal General, y defendido el nombramiento con el argumento de que Al es Al, pero Salvatore es Salvatore? ¿Se le ocurriría al presidente Obama nombrar a Alí Bin Laden como asesor en la casa Blanca, y explicarle al público que Alí es sólo primo hermano de Osama? O, acá en Colombia, ¿sería normal que el Presidente nombrara al hermano de David Murcia como superintendente financiero, con el argumento de que no debe responder penalmente por los delitos de David?

Las circunstancias de vida de parientes cercanos pueden no generar responsabilidad penal, pero casi inevitablemente influyen sobre la manera como las personas ven las cosas. Influyen sobre su buen criterio. Por eso, los gerentes diligentes se esfuerzan por evitar colocar a sus subalternos en situaciones de conflicto de interés y por esa misma razón, los médicos no operan a sus parientes y los psiquiatras no atienden a los suyos.

Y aun si el Presidente, en su fuero interno, estuviera convencido de que sus funcionarios y asesores con parientes mafiosos o criminales, mediante un esfuerzo sobrehumano de abstracción, son capaces de desempeñar sus cargos como si sus circunstancias de vida fueran diferentes, le correspondería, por respeto con la opinión pública, darle cabida al escepticismo de los demás, sobre todo cuando no se trata de un caso aislado. Ese es el meollo del asunto.

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