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Como anillo al dedo

24 de enero de 2009 - 10:00 p. m.

EN SU DISCURSO DE POSESIÓN OBAma no habló de ningún presidente en particular, pero sí de todo el mundo. Por eso muchos gobernantes se sintieron tocados por el carismático mandatario americano.

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Adviértase esta frase que ha pasado desapercibida en Colombia, donde todavía algunos ingenuos siguen creyendo que Obama se levanta y se acuesta pensando en nuestro agonizante TLC: “En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una Carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una Carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo, no renunciaremos a ellos por conveniencia”.

El mensaje es contundente. La necesidad de seguridad no prevalece sobre los principios consagrados en la Constitución, en la ley y en los derechos humanos. En otras palabras, primero el Estado de Derecho, sobre cualquiera otra cosa, incluida la seguridad.

Algunos optimistas pensarán que esta advertencia sólo es local y que se relaciona con la prohibición de torturas o el cierre de la prisión de Guantánamo. Muy pronto la implacable historia demostrará que el propósito no sólo fue poner distancia con la ideología de Bush.

Aquí dirán que por eso la seguridad es “democrática”, pero no podrán afirmar jamás que lo que se ha logrado ha sido con estricto respeto a la Constitución, la ley y los derechos humanos.

Allí están los falsos positivos, que crecen sin que tengamos certeza de quiénes son los responsables; también rondan maniobras palaciegas encaminadas a hostigar a opositores y críticos, no sólo con respuestas destempladas sino con certeras amenazas de involucrarnos a quienes pensamos diferente en acciones criminales o terroristas; un ex director de la agencia civil de inteligencia está preso por hechos lesivos de los derechos humanos, los que de resultar ciertos generarán un devastador cataclismo institucional, como lo vaticinó el anterior embajador de los Estados Unidos; y, como si fuera poco, nadie ha sabido explicar el por qué varios de los más altos y poderosos funcionarios han estado tan cerca de delincuentes conspirando contra magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Al igual que a Félix de Bedout, el agudo comunicador de La W, a mí también me impresionó favorablemente la frase que debe de tener incómodos a varios, no sólo a Chávez. “A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tienen que saber que están en el lado equivocado de la historia; pero les tenderemos la mano si estuvieran dispuestos a abrir el puño”.

Aferrarse al poder con corrupción, por ejemplo, con un cohecho para comprar votos en el Congreso, o aprobando un referendo reeleccionista sin que sus cuentas estén avaladas. Aferrarse al poder mediante engaños, como asegurar que no hay interés en reelegirse, para con un decreto de media noche, propiciar una convocatoria a sesiones extras del Congreso para que permita la reelección de una sola persona. Y represión a la disidencia, como la de calificar de terroristas a quienes opinamos que nadie debe perpetuarse en el poder, o la de perseguir a quienes abandonan sus filas.

Que la voz de esperanza de Obama perturbe el sueño de los déspotas, hasta que “abran el puño”.

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Adenda. Indignante el asalto del juez penal militar que pretende llevarse para su parcializado despacho el proceso por el holocausto a la justicia, además con el vulgar argumento de que no hubo delito.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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