DEJÓ UN SABOR AGRIDULCE LA EXOneración del magistrado Iván Velásquez de los ataques aleves de que fue víctima, dizque por estar montando un supuesto complot judicial contra el presidente Uribe.
En efecto, dijo el fiscal Iguarán que se trató de una patraña contra la Corte Suprema de Justicia, que incluyó un engaño al Presidente de la República. Una vela a Dios y otra al diablo.
Que fue un ardid siniestro contra la Corte lo sabemos, no porque lo haya averiguado el fiscal Iguarán, sino porque los hechos son tozudos. Aun hoy persisten otros furiosos embates contra esa corporación, algunos auspiciados por gentes de dudosa reputación, como Fernando Londoño, el “Héroe de Invercolsa”, cuyas incendiarias opiniones pretenden aniquilar a los jueces y lo que ellos representan. Pero que en pleno reino del régimen de la seguridad democrática, hoy victoriosa, por decisión judicial, se haya concluido que el Presidente fue engañado desde una prisión y por un delincuente avieso, más que un escándalo es una desilusión.
Como aquí todos tragan entero por cuenta del 91% de popularidad, nadie se ha detenido a recordar que si el presidente Uribe fue engañado, también lo fueron la directora del DAS, María del Pilar Hurtado, y el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, quienes participaron activamente en el operativo que montó el Gobierno, en cuanto a la Casa de Nariño llegaron los falsos mensajes de que un magistrado auxiliar de la Corte estaba sobornando al prisionero Tasmania, para que declarara en contra del Primer Mandatario.
La directora del DAS me informó, al responder un derecho de petición, que por solicitud de Bernardo Moreno envió a varios de sus subalternos a la cárcel en Itagüí donde estaba Tasmania, para que recibieran unos documentos de interés nacional. A su turno, Bernardo Moreno, a pesar de que fue vencido en una acción de tutela porque se negó a responder lo que se le preguntó, no pudo recordar quién fue que lo llamó a su exclusivo teléfono a hablarle de ese asunto de interés nacional.
Es muy raro, por decir lo menos, que mientras el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, se niega a recordar quién lo previno de la existencia de un documento que tuvo que mandar a recoger a una cárcel la directora del DAS, Santiago Uribe, el hermano del Presidente, de manera sorpresiva declarara en entrevista a este periódico que “No conozco a Tasmania, lo puedo decir bajo la gravedad del juramento.
El 10 de septiembre de 2007, Mario Uribe me llamó y me contó que el doctor Sergio González me iba a llevar una carta gravísima. Al día siguiente se presentó y me mostró la carta. Mario Uribe fue quien se encargó de hacerla llegar al Presidente. No sé si personalmente o a través de José Obdulio. Después vino la denuncia del Presidente…”.
Si en la mitad de toda esta historia no aparece sólo Tasmania y su abogado, Sergio González, sino además Mario Uribe y hasta el calumniador del régimen, el perverso José Obdulio, pero también la directora del DAS y el secretario de la Presidencia, no se ve cómo pudo ser engañado el presidente Uribe.
En cambio lo que sí se ve absolutamente claro es que todos esos altos personajes, incluido el propio presidente Uribe, estuvieron de una u otra manera cerca del siniestro plan de desprestigio contra la Corte Suprema de Justicia, la misma institución que ahora el Gobierno pretende disminuir con la marrullera reforma a la justicia propuesta por el ministro Valencia Cossio. ¿Quién habrá sido el engañado?
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Addenda No. 1. El nuevo Canciller, Jaime Bermúdez, anuncia que integrará una comisión de expertos extranjeros que lo aconsejen en relaciones internacionales. Qué vaina que no le sirva la Comisión Asesora integrada por ex presidentes y ex cancilleres colombianos, y prefiera ser aconsejado por extraños en temas neurálgicos y secretos.
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Addenda No. 2. Gracias al cantante caleño Óscar Golden por todo lo que hizo, en especial por permitirnos, en edad adulta, vibrar con las baladas que nos dejaron soñar en los 70.