No son pocos los amigos que me han escrito a propósito de mi artículo publicado el primer día del año en la sección Gente, de este mismo diario, y cuyo título se asemeja al de esta columna:
2016, el 4º bisiesto del milenio.
¿Cómo así es que hablo del cuarto bisiesto del tercer milenio cuando en realidad son cinco los que ya llevamos a cuestas? Y me los enumeran: 2000, 2004, 2008, 2012 y 2016. Cinco. Pero me temo que se equivocan.
Para los judíos, los japoneses, los hindúes y los chinos, cuya cronología nos excede en más de tres milenios, el 31 de diciembre de 1999 tiene que haber sido, desde luego, la gran fiesta de reírse abiertamente de todos nosotros, los occidentales orgullosos de coronar el segundo milenio de nuestra Era. Se tienen que haber reído a carcajada limpia y les acompaño de todo corazón.
Tan sólo me darían algo de pena los musulmanes, cuya cronología va a remolque de la cristiana, pero pronto me consuelo pensando en lo que también se habrán reído ellos al cerciorarse de que después de más de mil años los infieles todavía no se han enterado de la gran conquista aritmética del cero, que es un fruto impagable del álgebra musulmán: los infieles –es decir: el Occidente cristiano– festejaron como cien lo que sólo es 99, como mil lo que sólo es 999.
Nomás quisiera recordarles, a quienes lo hayan olvidado, o contárselo a quienes aún no lo sepan, que el logo o característica gráfica de las letrinas, de los retretes, de los lavabos, de los sanitarios, o como quieran ustedes llamarlos, es justamente el guarismo 00. Lo considero, perdónenme la escatología, sumamente simbólico. Porque pienso que va siendo hora de que nos volvamos más reflexivos en todo lo que se refiere a admitir como verdad revelada lo que nos imponen los dioses de los medios de masificación comunicada, letrina de nuestro siglo, sobre todo en su versión televisiva. Y el 31.12.1999 nos impusieron la falacia del cambio de milenio.
Es hora de que nos volvamos más reflexivos antes de ingurgitar y metabolizar tanta bazofia (hay un sinónimo de seis letras que comienza con m) con la que se quiere que comulguemos. Yo, al menos, me niego a ello. Así es que desde este escritorio mío en el corazón de Europa, a pocos metros del río Rhin, les recuerdo que si contamos las decenas hasta el 10 (incluído), las centenas hasta el 100 (ídem) y los millares hasta el 1.000 (ídem), 1999 no fue el último año del siglo XX, sino su penúltimo, y el siglo XXI comenzó el 1.º de Enero del 2001. Ergo: este 2016 no es el quinto, sino tan sólo el cuarto bisiesto del tercer milenio. Quod erat demonstrandum.