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Centenario de Morgenstern (m. 31-3-1914)

27 de marzo de 2014 - 08:05 p. m.

Desde siempre he sentido una particular inclinación por los bestiarios, y por ello me gustaría rendirle un homenaje al gran poeta alemán Christian Morgenstern.

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En su breve vida —tan sólo 43 años— Morgenstern (cuyo nombre significa “estrella matutina”) produjo más obra poética que muchos venerados maestros. Pero no se trata aquí de la cantidad que nos legó sino de su calidad. En esa su breve vida, Morgenstern produjo más quilates líricos que aquellos de los que todavía se enorgullecen viejos orfebres del oficio de Orfeo. Y además revolucionó la manera de contemplar la página de un libro de poemas. Basta pensar en una creación suya titulada El embudo, cuyos versos se van estrechando hacia abajo, como un triángulo invertido, hasta terminar desapareciendo por el extremo de ese embudo.

Morgenstern era un consumado ludópata del idioma, alguien a quien, por ejemplo, se le ocurría darle un nuevo nombre —de resonancias infantiles— a los meses del año, y en lugar de Januar, Februar, März (enero, febrero, marzo)… fabricaba un poema almanaque donde los meses tenían nombres homófonos de animales y se llaman Jaguar, Zebra, Nerz (jaguar, cebra, visón)… ¿Cómo trasladar esa idea a nuestro idioma? Es menos difícil de lo que parece, también aquí basta pensar en doce nombres de animales homófonos respecto de los nombres de los meses en castellano. Y es claro que cada quién puede pergeñar su propia lista. Esta es la mía: overo, jilguero, pargo, mandril, bayo, búho, mulo, langosta, serpiente, octopus, novillo y didelfo. Pero su obra maestra es para mí un poema que se titula Proposición de nuevas formas a la Naturaleza, 100% intraducibles, a no ser que se juegue con los códigos significantes dentro del propio idioma. Ejemplo: Nachtigall en alemán es ruiseñor; la palabra Nacht, aislada, significa noche, y entonces la maniobra de Morgenstern —que voy a imitarle— fue crear el Tagtigall (Tag = día).

Dentro de esta tónica, mi bestiario homenaje a Morgenstern significaría todo un Arca de Noé: el ornitorrincolaringólogo, el octopus Dei, el perejilguero, la ballena clueca, el orangusano, la sardina mensajera, la mariprosa, el escararriba, la mantis agnóstica, el eMefante, la lardilla, el hidromedario, la piaraña, el águila republicana, el pavo renal, el esposo hormiguero, la langostra, el flamencoyote, el sandinosaurio, el cienmanos, y hasta una especie rarísima y en vías de extinción: el gato de agua dulce, que se alimenta exclusivamente de blandaznos.

Se me ocurre incluso el insecto antioqueño por excelencia: la avispaisa. Y otro cachaco, sí: el abejorrolo.

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