El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El descubrimiento de Europa

13 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

Una película inglesa, emotiva y muy bien ambientada, Belle, me hizo volver a pensar en el destino de los primeros americanos y africanos que llegaron a nuestras sociedades europeas para quedarse en ellas, por derecho propio.

PUBLICIDAD

Su protagonista, Dido Elizabeth Belle Lindsay, es uno de los casos, pero está también el de George Bridgetower, aquel virtuoso del violín de ascendencia antillana (su padre era de Jamaica, o Barbados) a quien Beethoven dedicó la famosa sonata que luego, por indisponerse con él, se la asignó a Kreutzer, quien nunca la interpretó: es más, sostenía que era imposible de tocar.

Me acuerdo además del poeta nacional ruso por antonomasia, Alejandro Puchkin: ¿no era así que tenía al menos ⅛ de sangre negra, por ser bisnieto del príncipe abisinio Abram Gannibal, esclavizado por los turcos y manumitido por Pedro I el Grande, quien le dio mando militar y títulos de nobleza? Otro caso es el de otro Alejandro, Dumas, autor de Los tres mosqueteros y cuyo padre haitiano fue el primer general negro de un ejército europeo. Así como también me acuerdo de un tercer Alejandro, el de Médicis, llamado El Moro, que alcanzó a ser Duque de Florencia siendo hijo de una sirvienta negra. Y por supuesto no me olvido de Pocahontas ni de los fueguinos trasplantados a orillas del Támesis y de quienes habla Darwin en el relato de su viaje alrededor del mundo.

Pero es evidente que la palma se la llevan los seis antillanos viajeros a bordo de la carabela con la que Colón regresó al Puerto de Palos el 15.3.1493, fecha harto más digna de ser esmaltada en los calendarios que la del 12.10.1492. Pues fue en ella cuando se produjo, bien que a la trágala, el espantable descubrimiento de Europa por los indígenas americanos.

Con el correr del tiempo nos encontraremos en la historia de la literatura española con la obra magnífica de El Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un español y una princesa peruana, y con la obra menos conocida de Juan Latino, hijo de esclavos negros que se crió en Granada en la casa aristocrática de los González de Córdoba, quienes lo manumitieron y pagaron sus estudios, llegando a desempeñarse como catedrático de Gramática y de Lengua Latina. Y no quiero olvidar la embajada japonesa que llegó a España remontando el Guadalquivir hasta Coria del Río, y muchos de cuyos integrantes se quedaron a vivir en ese pueblo, razón por la cual no es raro encontrar en él familias cuyo apellido es Japón.

La Historia es una cajita china en la que cuando abres la primera no sabes cuántas son las que contiene. Forrest Gump vino a decir lo mismo, pero de otro modo: «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar».

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias