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Hablemos del burocrañol

27 de febrero de 2014 - 11:00 p. m.

Hace poco leí un tuit mexicano cuyo autor sostenía que le encantaba el castellano dadaísta de los prospectos chinos de instrucciones, citando esta perla : “Pone el cable donde se mostrará la figura”.

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Un par de días después, un amigo paisa me envió un cuestionario incluyendo 12 distintas maneras de decir la misma cosa. Por ejemplo: “a. A continuación el análisis del partido. b. A continuación la lectura del partido”. O bien: “a. A continuación ampliaremos la noticia. b. A continuación la noticia en contexto”. Y como no hay dos sin tres: “a. El derrumbe causó graves daños. b. El derrumbe causó importantes afectaciones”.

Al final del test, titulado “¿Es usted una persona distinguida?”, se explicaba lo siguiente: “Si usted se decidió en al menos dos o tres de los 12 casos por la opción a., usted está corriendo el grave… perdón, el importante riesgo de ser confundido con alguien del montón, una persona vulgar, pobre o inculta”.

Por el irónico “perdón” intercalado se nota que el autor del test se ríe de los “distinguidos”, pero lo cierto es que puso (repito: ¡puso!) el dedo en la llaga. Una llaga social y lingüística cuya más coriácea postilla es el prurito de tantos colombianos contra el verbo “poner”, porque dizque poner sólo ponen las gallinas. Y entonces en el teatro, ¿a las puestas en escena cómo las llaman? ¿Quizá mise en scène? Porque no creo que lleguen a tanto dislate como sería “colocación en escena”. ¡Por Dios, diría clamando al cielo el maestro Mutis!

Según mi amiga Lillian, “casi todas esas expresiones ridículas provienen de traducciones literales del inglés. Estamos hablando y escribiendo en inglés, con palabras españolas. No alcanza a ser espanglish. Yo lo llamo a veces burocratés, porque se ha puesto en circulación por la vía de los documentos de los organismos internacionales (ONU, OMS y esas vainas) que deben traducirse apresuradamente a los respectivos idiomas locales. En su gran mayoría esos documentos, traducidos sobre las rodillas y colgados en la red sin haber pasado por una somera revisión, han impuesto como moneda de uso unos desfiguros de lenguaje que pasan a ser la norma en ciertos ambientes”.

Hace muchos años sostuve, y lo sigo sosteniendo, que aquello que los brasileños bautizaron en su día como “portuñol” no es otra cosa que “españugués”. Paralelamente, y considerando que mi amiga sabe de lo que habla, porque tiene que lidiar a diario con tales galimatías, a mi manera de ver la denominación “burocratés” responsabiliza al indefenso idioma de Shakespeare de los disparates que cometen los usuarios del idioma de las telenovelas. Es por eso que propongo que se lo estigmatice como “burocrañol”.

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