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Contra todas las armas

13 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Todas las armas, ya se trate de viles puñales o de sofisticadas armas de fuego, constituyen un peligro para las gentes de bien, pues son el vehículo con el que se cometen delitos y se asesina o se lesiona a millares de personas.

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En nuestro país este es uno de los problemas más graves de salud pública, pues es causa de cerca de 15.000 muertes y millares de lesionados al año.

Los ciudadanos no deben portar ningún tipo de armas en la calle, ya que toda persona que lleva un arma es un homicida en potencia. Esta afirmación no es a la ligera, pues si quien va armado no estuviera decidido a usar su arma, correría el riesgo evidente de que ésta sea usada en contra suya. Por otra parte, si sólo la lleva con fines persuasivos, se convierte en un accesorio demasiado peligroso, ya que los antisociales al enfrentarse a una persona a la que ven armada, con seguridad emplearán niveles superiores de violencia para no correr riesgos.

Es una buena noticia el descenso en las cifras de homicidios en Bogotá, luego de la implantación de la restricción del porte de armas de fuego en los lugares públicos. Sin embargo, que en nuestra ciudad, en un sólo mes, todavía se registren 96 asesinatos es una cifra muy alta que para nada debe dejarnos tranquilos. Debemos recordar que cerca del 35% de los homicidios se cometen con las llamadas armas blancas, de manera que es indispensable incluirlas en la medida, pues de lo contrario queda sin atacar una buena parte del problema.

La restricción es apenas una parte del camino, si se tiene en cuenta que alrededor del 85% de los asesinatos se cometen con armas ilegales, cuyo escandaloso comercio han publicado recientemente los medios. Es indispensable que la medida vaya acompañada de extensos y permanentes operativos en todos los rincones de la ciudad con el fin de decomisar armas y judicializar a los infractores. Los ciudadanos inermes debemos tener la garantía de que las autoridades no están ahorrando esfuerzo alguno para desarmar a los hampones.

En el tema de la criminalidad intervienen muchos otros elementos, como la justicia, la educación, especialmente en principios y valores ciudadanos, la urgente solución a problemas sociales y la situación general de seguridad.

Tratándose de un problema de salud pública tan evidente, el ministerio del ramo debería estar liderando las campañas en todo el país y propiciando que se tomen con urgencia las medidas necesarias. Los buenos resultados que hasta ahora arroja la medida adoptada en Bogotá deben servir de argumento para que se convierta en permanente y se extienda a todo el territorio nacional.

Otro tema es el de las armas en las casas como mecanismo de defensa y protección. Los argumentos para justificar esta situación son aceptables desde el punto de vista social. Pero no sobra recordar a quienes toman esta determinación la cantidad de tragedias que ocurren todos los días causadas por las armas en las casas, que van desde los niños que jugando confunden un arma real con una de juguete, hasta parejas que en medio una discusión apelan a la violencia y emplean el arma que era para defenderse de extraños antisociales para acabar con la vida de un ser de su entorno íntimo.

Pienso que la condición de inerme debe ser una de las características esenciales de la gente de bien, ya que los principios de convivencia pacífica y de profundo respeto a la vida humana harán que en una situación extrema resulte menos doloroso terminar siendo el muerto que verse convertido en un asesino.

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