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Salud y competitividad

27 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

La competitividad se convirtió en tema central para la supervivencia de los países en el entorno global, especialmente con la firma de los tratados de libre comercio que tienen un impacto importante para las economías, como sucede con la nuestra y el TLC con los Estados Unidos que acaba de entrar en vigencia.

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Son muchos y muy variados los factores que inciden en la competitividad de un país, entre los que se encuentran: la solidez de sus instituciones, la infraestructura, la estabilidad macroeconómica, la salud, la educación, la justicia y la tecnología.

A este tema se refirió en el Congreso Colombiano de Hospitales y Clínicas, recientemente realizado en Bogotá, la brillante presidenta del Consejo Privado de Competitividad, Rosario Córdoba.

No sorprende que Colombia ocupe un modesto puesto 68 entre 139 países incluidos en el Índice de Competitividad Global 2010-2011, del Foro Económico Mundial, en donde nos superan varios de nuestros vecinos de la región, como Chile, Puerto Rico, Costa Rica, Brasil, Uruguay y México. Pero en el mismo ranking descendemos al puesto 79 cuando se analiza el pilar de la salud y la educación primaria. Pero como aquí en Colombia nos gusta vivir de las victorias morales, muchos se quedaron embelesados con el cuento de que nuestro sistema de salud es el mejor de Latinoamérica y uno de los mejores del mundo en algunos aspectos, por un ranking publicado por la Organización Mundial de la Salud en el año 2000.

La verdad es que la mayoría de los indicadores de salud de nuestro país no son ni mucho menos los mejores, hasta el punto en que el Ministerio de Salud ha denominado como “intolerables” nuestros resultados de 2011 en mortalidad materna, niños nacidos con sífilis congénita y pacientes diagnosticados con VIH que no reciben tratamiento. Naturalmente, el estado de salud repercute en la productividad de los trabajadores, además de otros factores. Córdoba mostró cómo la productividad laboral en Colombia es baja comparada con otros países; por ejemplo, es casi la tercera parte que la de España.

Hay que señalar también la alta informalidad que tenemos y los altos costos laborales no salariales, entre los cuales el aporte a salud pesa de manera importante. Mientras que en Colombia estos costos representan un 58%, en Inglaterra y Estados Unidos apenas 15 a 20%, y en Europa un promedio de 30%.

Ahora que se inicia el trámite de una nueva reforma tributaria, deberá pensarse seriamente en remover esta carga al trabajo y financiar la salud por la vía de impuestos generales, como sucede en la mayoría de los países del mundo. El beneficio sería muy grande para la generación de empleo y haría la financiación de la salud más justa, ya que su gran peso no estaría en los hombros de los trabajadores y las empresas, sino distribuida en una base más amplia de colombianos.

Es indudable que el país tiene que hacer esfuerzos grandes para poder aprovechar las oportunidades que abren los tratados de libre comercio, pero si no hacemos el trabajo apropiado, especialmente con la salud de los trabajadores, además de la mejora en infraestructura, que es la otra urgencia evidente, estaremos en condiciones de inferioridad que harán que la oportunidad se pueda convertir en una amenaza peligrosa para nuestro futuro.

La productividad de nuestra fuerza laboral depende en una muy buena parte de que nuestros trabajadores tengan un buen estado de salud. Para ello es indispensable tener un nuevo sistema sanitario que garantice mejoras importantes en los indicadores de salud de los colombianos, y para lograrlo debemos trabajar todos, incluyendo empresas y empresarios, que no pueden ser ajenos a este gran reto. 

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