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Ilegalidad o indelicadeza

29 de enero de 2009 - 09:17 p. m.

La democracia colombiana permite la aspiración de cualquier colombiano que cumpla los requisitos que relaciona la Constitución, pero trabajar en una candidatura presidencial siendo parte del Gobierno Nacional, es ilegal y en el mejor de los casos una indelicadeza.

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Durante la presentación que hiciera el Ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias en la Feria Agroindustrial de Catama, llevada a cabo en Villavicencio, se efectuó una clara actividad de promoción en favor de su eventual postulación, lo que se encuentran expresamente prohibido por la normatividad colombiana.

Nuestras leyes impiden el proselitismo desde el poder porque genera inequidad y configura el uso de lo público en beneficio propio; una cosa es tener aspiraciones ostentando la capacidad de navegar sobre los recursos del Estado, su presupuesto y programas y otra hacerlo desde el “asfalto” y no solo hay ventaja cuando se es “activo” en la aspiración sino también la hay siendo pasivo, pues un Ministro de Estado siempre será noticia en su paso por cualquier región.

Si el Ministro Arias o cualquier otro quiere ser Presidente, debe ser bienvenido a la contienda, pero en las mismas condiciones que cualquier colombiano, sin que los tiquetes del avión se paguen del erario público o la movilización de medios sea por cuenta del presupuesto que a nombre de los colombianos gasta o que el esquema de seguridad sea el de un alto dignatario y  no el de un aspirante.

De cómo está dispuesto un candidato a llevar su campaña, se puede  inferir como sería su gobierno, si éste recibe dinero del narcotráfico o negocia con lo público o actúa ilegal o indelicadamente, así mismo estará dispuesto a obrar durante el tiempo que tenga acceso al poder; no entrega un buen anticipo aquel candidato que desde la campaña está dispuesto a emplear en favor suyo los medios que ética o legalmente no le corresponden.

Colombia está llena de los malos ejemplos que pretendiendo utilizar los espacios grises de la ley o los sutiles del imaginario colectivo, pretendieron y muchas veces lograron alcanzar el “fin que les justificó el medio”.

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