HACE DÍAS INUNDA LOS HOGARES colombianos en horario triple A una propaganda de televisión conmemorativa del grito de independencia.
En ella se presenta a un patriota enruanado que, lanza en ristre, enfrenta a los chapetones, hombro a hombro con militares armados hasta los dientes y movilizados en black hawks que combaten a la guerrilla. La composición de tiempo y lugar muestra al final el escudo del Ejército Nacional, y termina con la sentencia de que “en Colombia también hay héroes”. La mezcla de batalla de independencia y lucha antisubversiva no pasaría de ser una manera harto guerrera de celebrar el nacimiento de la República, si no fuera por el momento en que se decidió emitir la cuña, semanas antes de las elecciones presidenciales. ¿Por qué se adelanta la celebración del Bicentenario a mayo, cuando la mentada batalla fue en agosto, hace 200 años? Para algunos, se trata de una mera inadvertencia. Otros, en cambio, perciben un uso abusivo de los símbolos patrios con fines políticos. No olvidemos que el candidato del Gobierno ocupó el cargo de Ministro de Defensa hasta hace poco.
La asociación de independencia nacional y lucha guerrillera tiene el claro propósito de invitar a votar por Juan Manuel Santos, al igual que las metáforas fáunicas del Presidente. Al violar los principios de transparencia e imparcialidad en la contienda electoral el ejecutivo exhibe su nerviosismo y da un nuevo ejemplo de la cultura de la trampa. Olvida que practicar la iniquidad política desde el poder es ejercer otro tipo de violencia, también inadmisible: la violencia del juego tramposo generadora de exclusión social. Si bien no existe una relación necesaria entre el ventajismo oficial y la violencia guerrillera, un comportamiento excluyente ahonda el resentimiento, la apatía política y la transgresión social. El abuso de los símbolos patrios afecta el sentimiento de reciprocidad. Pocos se sienten inclinados a participar en un proceso democrático cuando el árbitro otorga ventajas a uno de los contendores.
El abuso del himno y de la bandera por parte de los nazis llevó al repudio de estos símbolos nacionales de varias generaciones de alemanes en la posguerra. Es conocida la efectividad de la propaganda política cuando ésta explota los sentimientos de amor patrio a favor de una opción política. Pero la estrategia resulta contraproducente cuando el ardid se descubre a tiempo. ¿Qué pensarán los miles de militares y policías con míseras pensiones o que cargan a cuestas la invalidez generada por la guerra cuando observan cómo su institución es instrumentalizada por el Gobierno para mantenerse en el poder? Más nos beneficiamos todos si defendemos procesos transparentes y equitativos de transición pacífica del poder, y no juegos electorales con cartas marcadas que generan exclusión política y resentimiento social.
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Luego del último debate electoral en televisión, se perfilan dos claros bloques para segunda vuelta: el continuista y conservador, adverso a la redistribución económica, representado por Santos y sus aliados, enemigos de aumentar los impuestos y de acabar con los privilegios; y un bloque progresista socialdemócrata que identifica la iniquidad, la desigualdad y la corrupción como los principales problemas del país y propone reformas sociales estructurales para enfrentarlos. ¿De qué lado se colocarán los partidos de Noemí y de Vargas para definir la elección presidencial? Dependerá de su visión de futuro para el país y de su apetencia o inapetencia por la vieja forma de hacer política.