MARÍA ELVIRA SAMPER Y RODRIGO Pardo se suman a las muchas víctimas de la máquina económico-política que pretende establecer una plutocracia en el país.
La revista Cambio, bajo su dirección y con un competente equipo, había ayudado a profundizar la democracia gracias a un periodismo investigativo serio y al ejercicio crítico de la libertad de prensa. Pero sus denuncias resultaron incómodas y peligrosas para los propietarios del grupo editorial español Planeta, propietario mayoritario de El Tiempo. Rápidamente cayeron las cabezas de los profesionales del periodismo que destaparon las ollas malolientes de Etesa y de Agro Ingreso Seguro, entre otras muchas. Con el golpe de mano empresarial se despejan tres flancos de guerra: la carrera por el tercer canal que los dueños de la extinta Cambio no están dispuestos a perder; el guiño presidencial a favor del delfín de El Tiempo en la competencia por el Solio de Bolívar; una oferta a Arias para que ingrese a la campaña de Santos antes de que lo muelan en la consulta conservadora y asegure el triunfo del uribismo en primera vuelta.
Ya sabemos qué podríamos esperar de un gobierno de Santos y/o Arias como agentes de intereses económicos particulares, ambos dispuestos a arrasar por ambición los más caros principios democráticos y republicanos. La juventud, sensible y alerta, ya se mofa abiertamente de ese dúo. En Facebook, Twitter o en blogs de internet como los “Santo-Falso Positivo” o “Arias-Ingreso-Seguro” se asocian con justicia los nombres de estos candidatos con los escándalos que los hicieron célebres y que han sido debidamente documentados por periodistas independientes como los ahora perseguidos.
El valor civil no es exclusivo de periodistas de Cambio, Noticias Uno, Semana o El Espectador. Por fortuna también se extiende a la universidad con académicos respetables como Natalia Springer, Claudia López o José Fernando Isaza. Lejos de una encerrona contra el presidente Uribe, en el encuentro de la Universidad Jorge Tadeo Lozano se sustentaron con hechos denuncias nunca satisfactoriamente desvirtuadas. Afloró también la indignación que en personas inteligentes despierta el uso de la retórica por su gran maestro. Su principal asesor y áulico sólo habla de manuales de estrategia oral o militar y confunde la marrullería con el honor intelectual. Los ahora perseguidos por directos beneficiarios del Gobierno habrían podido prescindir del encuentro ante la probada imposibilidad de dialogar con quien se sienta en la palabra, elude los cuestionamientos, abusa de su investidura superior y defiende demagógicamente sus ejecutorias. El talante democrático de una persona excluye la defensa intransigente de sus ideas y presupone la apertura suficiente de mente para acoger las tesis del contradictor si las mejores razones hablan a su favor. Ninguna de estas condiciones está presente en una mente dogmática y autoritaria.
Cuando el país haya avanzado en la educación democrática de sus ciudadanos, de forma que obedezcan la ley no por dinero sino por deber civil, miraremos más tranquilos el período antiilustrado de Uribe, quien fraudulentamente quebrantó las reglas del juego para permanecer en el poder (Yidis, Teodolindo). Y esto pese a la inacción cómplice del fiscal Mendoza Diago. Ciudadanos y ciudadanas con valor civil como los aquí mencionados brillarán con luz propia como constructores de institucionalidad democrática y educadores contra el fanatismo, el oportunismo y la demagogia.
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La absolución de Alfredo Molano es una excelente noticia para la libertad de expresión. Su voz es indispensable para denunciar la corrupción y la violencia, tan arraigadas en las prácticas políticas en el país.