El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¡No medias tintas; sí responsabilidad política!

20 de mayo de 2009 - 10:59 p. m.

LOS DOS PRINCIPALES PARTIDOS DE oposición, el Polo Democrático Alternativo y el Partido Liberal, se unen para ser una alternativa de futuro político.

PUBLICIDAD

Como lo intuyó temprano el ex presidente López Michelsen, detrás del carismático Uribe se escondía un autócrata, que odia por igual a las Farc y a las élites del país. La alianza entre importantes sectores del Estado y el narcoparamilitarismo para exterminar a las guerrillas, todo con un discurso patriota y simbólico, fue denunciada hace más de un lustro, pese al costo político, por los Gaviria, Carlos y César. Las interceptaciones ilegales del DAS, los falsos positivos que enlodan al ex ministro Santos, los avances de la Corte Suprema de Justicia y de la Fiscalía en el Yidisgate y en la parapolítica, les dan la razón. Tan es así, que uribistas como Felipe López o Enrique Santos Calderón, pero también María Isabel Rueda, Salud Hernández o Marta Lucía Ramírez, se apresuran a tomar distancia de la tercera reelección.

Los esfuerzos del Polo y del Liberalismo con miras a la construcción de más y mejor democracia son esperanzadores. La democracia no es viable como sistema de gobierno sin partidos políticos identificables por sus principios y responsables de sus acciones. El revolcón liberal supuso una depuración de los pocos parapolíticos que no se habían ido ya al uribismo. El Polo ha construido una opción de izquierda democrática bienvenida, pero que le falta aún autocrítica, distancia del clientelismo y superación del personalismo. Destacable es que las cabezas de los partidos opositores exhiben altura moral y jurídica, así sus diferencias ideológicas sean profundas. La fortaleza de la oposición está en su autoridad moral frente al ejercicio popular pero ilegítimo del poder público, así como en una concepción teórica profunda del ejercicio responsable de la política.

Bienvenido es el movimiento ciudadano de centro auspiciado por Sergio Fajardo, secundado por Claudia López y saludado por Lucho, Peñalosa, Mockus y Marta Lucía Ramírez. La transparencia que reivindica como bandera su líder Fajardo exige que aclare si recibe apoyo económico y cuánto del Sindicato Antioqueño. La financiación de Fajardo, aunque legal, ha sido poco transparente como lo mostró el uso que hiciera de la calidad de periodista para recorrer durante meses el país y darse así a conocer con la ayudita de Caracol Radio. Una victoria de Fajardo sería menos mala que continuar con Uribe, pero carecería de la autoridad moral que requiere el país en la dirección del Estado. Lo grave no es tanto la elasticidad moral de los apoyos a Fajardo, sino la ausencia de una estructura de partido que haga responsable, constructiva e institucional su actividad política. Pero ciertamente por algo hay que empezar y la opinión pública acoge al candidato Fajardo, pese a sus silencios.

El país está en mora de evaluar las responsabilidades que les cabe a los actores políticos en la destrucción de la Constitución de 1991 y en la contrarreforma mafiosa, plutocrática y latifundista del uribismo. Los intereses económicos de los poderosos y las necesidades básicas de la gente sencilla han nublado las mentes de la mayoría. Falta más y mejor educación ética y política al pueblo colombiano. Una muestra de falta de sentido moral es la que exhibe El Tiempo cuando confunde la libertad de expresión con la arbitrariedad de acoger como columnistas a personas seriamente cuestionadas en lo penal. La retórica puesta al servicio de la venalidad y del crimen. Todo en aras de asegurar los negocios.

~~~

¿Trocó Obama TLC por ex Base Militar de Manta ahora en Palanquero?

 

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias