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Partidos políticos para la democracia

18 de septiembre de 2013 - 06:32 p. m.

Alemania se apresta a votar el domingo.

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 La continuidad del gobierno parece asegurada, pero las urnas pueden dar sorpresas. Un cambio de la coalición conformada por demócratas cristianos y liberales sólo sería posible con una afluencia masiva de inconformes a los locales electorales. Pero la pasividad del electorado juega a favor de la primera ministra, Ángela Merkel. La baja tasa de desempleo, pese al deteriorado vecindario europeo, y la estabilidad de la economía alemana, no auguran un cambio a favor de los socialdemócratas, de los verdes o de la nueva izquierda.

Lo que más sorprende de la campaña política en la democracia inaugurada en 1949 es el nivel de institucionalización de sus partidos políticos. A ello ha contribuido decididamente el umbral del 5% para obtener representación en Parlamento y Gobierno, lo cual exige aglutinamiento, disciplina y, sobre todo, ideologías claras que distingan a cada agrupación de sus competidoras. Los electores tienen derecho a saber quiénes, con base en qué principios y bajo qué políticas y programas, los gobiernan; igualmente tienen derecho a exigirles responsabilidad política al término de los períodos para los que fueron elegidos.

A la alta institucionalización de los partidos políticos contribuyen, por lo menos, tres factores: su organización democrática, el rol de los medios de comunicación y la educación política de la opinión pública. Sólo el vocero y el presidente de cada partido representan a su colectividad en los debates, lo que supone ponerse de acuerdo por anticipado en cada tema. Quienes no pasan el umbral no cuentan. En Baviera, para poner un ejemplo, el domingo salieron del juego la nueva izquierda, los piratas (movimiento joven de inconformes) y los liberales, quedando representados sólo cuatro partidos en el Parlamento bávaro dentro del sistema federal alemán.

Los medios de comunicación, con seriedad y sentido democrático, invitan a todos los representantes de los partidos a los debates. Ninguno de los partidos reconocidos queda por fuera. En los programas de opinión priman la discusión fáctica y una moderación consciente de la necesidad de transmitir información veraz y suficiente al electorado. Así hacen posible que éste forme su opinión y defina su voto en forma racional y ponderada. Mecanismos como el doble voto con el que la persona expresa sus preferencias, escogiendo entre uno o dos partidos de los muchos en competencia, y lista única por cada partido, facilitan la elección del sufragante.

Decisivo para la existencia de una democracia representativa real, la única posible en las sociedades de masas, es el nivel intelectual y emocional de la población. Ser demócrata es algo que se aprende, con paciencia y perseverancia. La verdadera democracia requiere de ciudadanos y ciudadanas con criterio, información e interés por el destino individual y colectivo. Este grado de reflexividad es incompatible con soluciones mágicas, de fuerza o impuestas gracias a la presión de las circunstancias. Condición material para que todo esto tenga lugar es la satisfacción efectiva de los derechos sociales fundamentales. En este sentido, la movilización campesina por la soberanía alimentaria y el movimiento estudiantil por una educación pública universal, gratuita y de calidad, apuntan en la dirección correcta, no así las decisiones de familia en el gabinete.

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