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Peligra la democracia

17 de diciembre de 2008 - 07:05 p. m.

TENDREMOS REELECCIÓN DE URIbe en 2010 o 2014. Todo está montado. Congreso, Procurador, Corte Constitucional. Y la democracia peligra.

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Es por ello importante recordar que nunca deberíamos dejar de aprender de la historia. Sobre todo no deberíamos olvidar que la desilusión del pueblo con la democracia conlleva serios peligros. En la República de Weimar, a finales de los años veinte, esa desilusión permitió que el presidencialismo se convirtiera en dictadura. Hitler accedió al poder gracias a las promesas de grandeza y de unidad hechas a personas llenas de miedo y de desesperación. El espejismo de que sólo un líder carismático puede salvarnos de la catástrofe erosiona las instituciones. El verdadero demócrata entiende que lo que otorga estabilidad política a la sociedad no es el favor de las mayorías electorales sino el cambio periódico y pacífico en el poder. La continuidad de las instituciones a pesar de la renovación de sus funcionarios aumenta la confianza del ciudadano en la imparcialidad del Estado. En contraste, si unas mismas personas se atornillan en el poder, se concentra el poder y se fomenta la corrupción.

La salud democrática de los regímenes presidenciales del continente cada día se agrava más. Los presidentes de América buscan permanecer en su cargo o candidatizan a sus parientes para evitar la viudez del poder. Los Bush (padre e hijo) se perpetuaron varios lustros en la Presidencia de Estados Unidos, incluso mediante el fraude electoral en la Florida. Los Clinton pretendían acceder de nuevo a la Casa Blanca después de ocho años de Bill en el gobierno, pero tuvieron que conformarse con la Secretaría de Estado. Los Kirchner en Argentina sí han logrado ocupar intermitentemente la Casa Rosada. Otros, como Ménem, Fujimori, Lula, Correa y, por supuesto, Uribe y Chávez, han modificado la Constitución para ampliar sus períodos. ¿Qué explica tanto interés en permanecer en la presidencia de un país? Existen normas que incentivan esta conducta. En nuestros sistemas presidenciales ellas le otorgan excesivo poder a los presidentes. Contratos y puestos son un atractivo recurso para repartir entre seguidores y caudas electorales. El clientelismo se impone en sociedades donde la profesionalización del servicio público es incipiente y el federalismo no funciona como contrapoder.

La profesionalización de los servidores públicos, la diferenciación funcional entre burocracia profesional y poder político, posibilita la democratización de la sociedad. Tener nuevas caras en la dirección del gobierno invita a participar a otros sectores, antes apáticos o excluidos, en la contienda y vida políticas. Pero la precariedad de nuestra cultura democrática no sólo se refleja en el mesianismo presidencial o en el irrespeto permanente a las reglas del juego. También en la actitud oportunista de la oposición que, con honrosas excepciones, se plegó a contrapelo de sus principios políticos, a la elección del fijo ganador a procurador. El triunfo del dinero y del poder parece inevitable. Sólo nos queda la movilización de millones de colombianos indignados con el actual estado de cosas para detener al mesianismo uribista y a su estela de corrupción en las elecciones congresariales y presidenciales de 2010.

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Mientras el compañero de una líder indígena del Cauca cae asesinado por balas de militares, el Gobierno cuenta historias en Ginebra a la Organización de las Naciones Unidas.

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