La llegada de Simón Gaviria a la dirección del Partido Liberal envía un mensaje de renovación y de cambio en un partido que parecía un poco condenado a repetir la misma historia cada vez que elegía a sus cuadros directivos colegiados.
Así como su llegada representa un cambio, también debe decirse que está llena de retos frente a los cuales deberá actuar con habilidad.
En primer lugar, el Partido debe encontrar un camino ideológico que lo identifique, que le permita volver a despertar las pasiones de antaño y seducir el voto urbano y juvenil. Este es un reto complejo. Hoy el Partido se encuentra en el sándwich del espectro ideológico. El Polo y los Progresistas se adueñaron del mensaje social y la derecha, que desde Uribe ya no vive agazapada y dejó de ser vergonzante, es hoy segura de sí misma, militante y domina al Partido Conservador y al Partido de la U que, no nos llevemos a engaños, siguen conectados espiritualmente a Álvaro Uribe.
El esfuerzo del Partido para identificarse con el gobierno del presidente Santos le permite tomar las banderas del reformismo de centro que ha caracterizado a esta administración. Sin embargo, el partido no puede agotarse en el santismo. Primero porque Juan Manuel Santos es el presidente de los colombianos y no exclusivamente el de los liberales y su amplia coalición de Unidad Nacional lo invita a ser muy delicado en términos de afectos políticos. Asimismo, a él lo eligió la U, hoy fuerza mayoritaria en el Congreso, y el palo no está para cucharas. La U y los conservadores están actuando en bloque en la Cámara de Representantes y por sí solos constituyen una aplastante mayoría.
El último de los grandes retos que deberá asumir el nuevo director del liberalismo es imprimirle a su jefatura un espíritu de apertura y pluralismo. Se sabe que su designación dejó descontentas a tendencias históricas del Partido que representan sectores sociales y bases del liberalismo. Esta jefatura no puede ser interpretada como excluyente y acaparada por un solo sector político del Partido. De esto depende inclusive la posibilidad de atraer sectores de la U y de Cambio Radical que esperarían encontrar en el liberalismo espacios en sus órganos de decisión.
Le deseo a Simón muchos éxitos en su gestión y espero que este sea el inicio de un camino que le permita al Partido Liberal recuperar su razón de ser de cara al siglo XXI.