El año pasado las exportaciones alcanzaron US$55.000 millones aproximadamente y la inversión extranjera US$15.032 millones.
El 65% de las exportaciones fueron petróleo y carbón y la mayor parte de la inversión entró para explotar estos recursos. Las exportaciones de oro alcanzaron cerca de US$2.500 millones, concentradas en tres grandes firmas, siendo Ashanti Gold de África del Sur la más importante y la que insiste en explotar los páramos donde presuntamente hay grandes yacimientos (ver lasillavacia.com).
En términos de crecimiento, el valor exportado de petróleo aumentó 68%, el carbón 36% y el oro 35% entre 2010 y 2011. Las exportaciones no tradicionales tuvieron un buen comportamiento, con un crecimiento del 18% a pesar de la revaluación del peso. El crecimiento de las exportaciones de manufacturas y flores se debe a dos tipos de razones: un aumento de la productividad por la renovación de la maquinaria y equipo y una reorganización de los procesos productivos, por un lado, y a que muchas industrias en ramas intensivas en capital, como petroquímica, pueden utilizar insumos importados, financiarse con dólares y recibir ingresos también en dólares, por otro lado. Sin embargo, las nóminas y los servicios públicos (muy caros en Cartagena y Barranquilla) se pagan en pesos y la revaluación les reduce la rentabilidad a las empresas.
Imaginen si todas las exportaciones del país hubieran sido manufacturas y productos agroindustriales y la inversión se hubiera destinado a reindustrializar al eje cafetero, Cali, Medellín y Bogotá o a industrializar el campo colombiano. Tendríamos una expansión considerable del empleo formal y las demandas sobre el sistema educativo lo obligarían a modernizarse y ampliarse.
La inversión extranjera se repartió 60% en hidrocarburos y minería, 10,3% en comercio y hoteles, 4,6% en servicios financieros y sólo 4,4% en manufacturas. Es claro que la economía colombiana se especializa en sus recursos naturales y que no es una buena plataforma de producción industrial de la inversión nacional ni de la extranjera. Esta especialización y la llegada de capital extranjero han propiciado la revaluación del peso que está por atravesar la barrera de los $1.800 por dólar.
Entre tanto el Banco de la República se debate entre aumentar la tasa de interés para controlar la inflación e impedir que el aumento desaforado del crédito dé lugar a burbujas en el consumo y en la finca raíz o mantener una alta liquidez que fomente el crecimiento y abarate el peso. Las oficinas y los apartamentos en el norte de Bogotá están tan caros como la propiedad inmobiliaria en Nueva York. A pesar de que la bolsa tuvo un mal año, los expertos informan que las acciones colombianas están tan sobrevaluadas que no les vale la pena a las empresas colombianas colocar acciones en la bolsa de Nueva York.
El Gobierno entre tanto anunció una reforma tributaria que va a reducir las tarifas de los impuestos. Debiera quitar todos los parafiscales que explican el alto desempleo y la gigantesca informalidad que padecemos y reducir las exenciones que mantiene el recaudo tributario de empresas y sobre todo de personas naturales en niveles vergonzosos. Puede así decir que cumplió su promesa electoral de no aumentar las tarifas de los impuestos y algo que no dijo: incrementar el recaudo al mismo tiempo.