Los resultados económicos de 2011 fueron aparentemente buenos, explicados por un crecimiento fuerte de la inversión en hidrocarburos y minería, una ampliación del consumo, opacada por unas importaciones que crecieron al doble que las exportaciones.
Ése fue un freno al crecimiento de 5,9% de 2011, ya que un déficit de comercio sustrae demanda agregada. Tal comportamiento nos saca de las grandes ligas de países como China, India o Corea del Sur, y Perú y Chile en la América Latina, porque las políticas fiscal y monetaria inducen la revaluación de la moneda, frenando las exportaciones de manufacturas y de bienes agroindustriales.
El crecimiento del consumo del Gobierno en 2011 (2,6%) obtuvo una desaceleración frente al resultado de 2010, mientras las obras civiles se contrajeron 2% en 2010 y crecieron 6,7% en 2011; frente a la emergencia invernal, el resultado insinúa que la capacidad de gasto del Gobierno no ha despegado del todo, pasados 20 meses de gestión. A pesar de un recaudo tributario destacado, persistió el déficit fiscal de 3% del PIB que atrae capital externo para financiarlo y que fortalece el peso.
La política monetaria, por su parte, comenzó a apretarse, ante la evidencia de un recalentamiento de la economía y el surgimiento de burbujas en el sector inmobiliario y en el mercado accionario. La segunda consecuencia de esa política fue atraer más capital extranjero de portafolio que también indujo una revaluación adicional del peso. El banco central no recurrió a dos acciones posibles para contrarrestar tales efectos nocivos: cobrar un depósito a las entradas de capital de portafolio, algo que incluso ya es “permitido” por el Fondo Monetario Internacional, y ser más agresivo en sus compras de dólares para frenar la apreciación. Perú, por ejemplo, practica una fuerte intervención en el mercado cambiario, lo cual contrarresta la revaluación del sol y permite entonces exportar bienes distintos a los de su minería.
La junta directiva del Banco de la República pudo descansar porque el consumo de los hogares se desaceleró por segundo trimestre consecutivo, razón probable para no elevar de nuevo su tasa de interés que está en 5,25% anual. Con una inflación a febrero del 3,55%, la tasa representativa equivale a una tasa real de interés de 1,75% anual que no es draconiana pero sí es mayor a la de la Reserva Federal de Estados Unidos, que es negativa, al igual que la del Banco Central Europeo. Como lo importante es el precio relativo del dinero, la enorme emisión de dólares y euros se desborda y alcanza a llegar a nuestras remotas playas y a nuestros páramos, engrosando la demanda por acciones y por títulos del tesoro colombiano. Éste es el mecanismo que opera para aumentar la entrada de capital al país y que termina por revaluar la tasa de cambio, ya presionada por la inversión extranjera directa y por las exportaciones de hidrocarburos.
Para los distintos sectores de la economía, los resultados del 2011 son reveladores: la minería creció 14,3%, la construcción 5,7%, la industria un mediocre 3,9% y la agricultura sólo 2,2%. Al interior del sector agropecuario volvió a caer la producción de café en -11,2%, la ganadería aumentó 4,2% y el resto de cultivos lo hizo al 3,8% anual, un resultado que fue mejor al 1% que tuvo en el 2010, pero que sigue siendo regular. Se trata, a fin de cuentas, de un desarrollo económico bastante desequilibrado.