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No hay reforma tributaria a la vista

21 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

El Ministro de Hacienda se declaró claró contento con la minirreforma de diciembre pasado que, junto con el intenso crecimiento económico, está incrementando el recaudo tributario más de lo esperado.

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Anunció que si acaso hace reforma será para reducirle impuestos a los inversionistas del sector agropecuario, introduciendo más distorsiones a un sistema que es muy regresivo, ineficiente e injusto.

Hay por lo menos cuatro razones que hacen urgente una reforma tributaria integral, una de las cuales acabo de mencionar: el sistema está lleno de excepciones y prebendas que reducen el recaudo y dejan sin gravar a la gente más rica del país. Los dividendos de los dueños de las empresas están exentos, al igual que gran parte de los portafolios financieros con que especulan en los mercados. Los ingresos y los patrimonios están groseramente subvaluados, frente a una DIAN debilitada por el anterior Gobierno.

Otra razón de fondo es que hay un déficit estructural de 4% del PIB y el Gobierno está incurriendo en déficits primarios de 1% del producto. Eso significa que el endeudamiento público aumenta para financiar los intereses de la deuda, algo parecido a lo que hacían DMG y el grupo Nule. La tendencia ha pasado desapercibida porque siempre se mide la deuda pública como porcentaje del PIB y una parte está en dólares: mientras el PIB ha crecido a tasas bastante altas, el peso se ha revaluado, así que el coeficiente parece moderado. Es muy probable una recaída recesiva de Estados Unidos y Europa, en cuyo evento nuestro crecimiento puede colapsar y el peso devaluarse, tornando insostenible la deuda. Eso le pasó a Irlanda en 2008, cuando era igual de promisoria que Colombia.

Estamos padeciendo síntomas de enfermedad holandesa. Las exportaciones de flores y manufacturas no van bien y el sector agropecuario y la industria sufren los efectos de una tasa de cambio revaluada, agravada por una inflación que ronda el 3,5% anual. Y eso nos lleva a una tercera razón para hacer reforma: la bonanza minera hay que ahorrarla y eso es tarea del Gobierno, que debe mantener una buena parte de las divisas fuera del país para impedir que se revalúe más la moneda. Pero el gobierno Santos se está comiendo la bonanza, al vender otro pedazo de Ecopetrol, al endeudarse más y al gastar desenfrenadamente.

La cuarta razón es esa misma: el Gobierno tiene unos planes de gasto muy ambiciosos. Estos incluyen las inversiones para reparar los daños provocados por la emergencia invernal, los gastos asociados a la Ley de Víctimas y a la Ley de Tierras y la promesa hecha frente a los galenos de que el sistema de salud va a cubrir todas las dolencias que aquejan a la población colombiana. No quiero pensar maliciosamente como para decir que las leyes de reforma agraria y de compensación a las víctimas del desplazamiento van a ser letra muerta, pero si no se le ponen recursos para hacerlas realidad, sus efectos serán marginales; será otra frustración para un campesinado abrumado por la violencia y la pobreza. Como ya se explicó, no todo el gasto debe salir de la bonanza petrolera y minera: es necesario ahorrar una buena parte de ella en el exterior.

El ministro Echeverri se mostró muy contrariado por las críticas que le hacemos los colegas al renegar de la economía y de sus mejores prácticas. Dijo que él era el ministro y nosotros no. Pero aún así, parece que somos los técnicos quienes tenemos la razón.

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