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“Colombian Psycho 3”

27 de julio de 2019 - 02:00 a. m.

El número en el título no es ninguna “argentinada”, al decir de Antonio Caballero; es solo que, en el pasado, ya utilicé dos veces “Colombian Psycho” para esta columna. A decir verdad, me viene cuando, al sentarme a escribir sobre el país, solo veo insensatez, necedad y barbarie. En mi columna anterior comenté algunas decisiones de la embajadora en Roma, Gloria Isabel Ramírez, la de ortografía caprichosa (¿será esa la nueva revolución uribista? ¿Un uribismo ortográfico?), por las cuales nos enteramos de que existe una lista negra de escritores enemigos del régimen (como en Venezuela y Cuba) que, al no cumplir con las “líneas de pertinencia” del Gobierno (escritores naranja), deberán ser excluidos de la diplomacia cultural que apoya el Estado colombiano.

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En esas estábamos cuando ocurrió un hecho sorpresivo y fue que Uribito aterrizó en Colombia. Y al llegar, pero sin que nadie lo viera, nos enteramos de muchas cosas: por ejemplo, de que su colectividad, el Centro Democrático, lo considera más inteligente que Einstein, Mandela e incluso Jesucristo juntos. Y puede que tengan razón. No es de extrañar que Arias sea el más inteligente de ese grupo, basta con ver la ortografía que usan, no solo la de la “envajadora en Hitalia”, sino la de los trinos de Lafaurie, la Cabal e incluso José Obdulio, el intelectual del régimen. Con la llegada de Arias supimos también que desviar la plata de la ayuda estatal al campesino hacia latifundistas ricos no solo no es un delito, sino una genialidad de la revolucionaria economía uribista (original como su ortografía), de la que Carrasquilla, el hombre del agua a precio de champagne, nos sigue dando muestras. Ante semejante cascada de elogios a Arias, lo que uno se pregunta es por qué no quería volver a Colombia. En EE.UU. estaba en una cárcel y acá en un casino de generales, si es que de verdad está ahí. Para mí que lo trasladaron en secreto a El Ubérrimo y está viendo el Tour desde la piscina de la casa de huéspedes, mientras que en el Congreso le arreglan su situación y puede salir, por ejemplo, a una embajada (¿o “envajada”?). ¡Qué lumbrera de joven! Se rumorea incluso que es más inteligente que Ernesto Macías, lo que ya es mucho, el hombre de “la jugadita”. Otra revolución uribista: hacer trampa enredando las normas, incumplir fingiendo que se cumple. Jugaditas. Macías, en su involuntaria frase, dijo que era “la última”, lo que quiere decir que las anteriores también lo fueron, como aquella para dejar por fuera del calendario las leyes anticorrupción. Un verdadero genio este prócer de la patria.

¿Qué pensará Duque de todo esto? No lo sabemos. En sus breves visitas a Colombia apenas tiene tiempo de recuperarse del jet lag y leer las órdenes de Uribe, escritas con la nueva ortografía revolucionaria. Un compendio de jugaditas para seguir apropiándose de todo y mantener la impunidad. Qué aburrida vida la de Duque, qué jartera esas peleas y críticas de sus propios compañeros de equipo. Le pasa igual que a Nairo cuando lo joden, pero sin ganar. Mucho mejor quedarse en Europa, hasta en China. Al menos salió a la marcha por la vida de los líderes sociales y, al parecer, gritó “no más muertos”, como si nada de eso tuviera que ver con los suyos o su gobierno.

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