Siempre he imaginado el futuro como una fosa submarina, la fosa de las Marianas, por ejemplo, con su aterrador abismo de más de once kilómetros de profundidad en el que viven inquietantes seres como el calamar gigante, que de vez en cuando sale a la superficie y se traga una lancha, dando pie a mitos sobre dragones y serpientes marinas.
El futuro, ¿qué sorpresa nos traerá? Los monstruos que emergerán de él son menos aterradores y seguramente más banales, pero no menos inquietantes. Ya hemos visto de lo que es capaz el procurador Ordóñez, protagonista en 2013 con sus insólitas demostraciones de poder en diferentes ámbitos, desde la destitución del alcalde hasta el vistoso matrimonio de su hija, que rivalizó con los de las herederas del príncipe Ranieri de Mónaco. Ignoro cuánto gana un procurador pero no creo que dé para tanto, así que supongo que el señor Ordóñez o es rico de familia (lo que en Colombia es siempre signo de distinción, sea cual sea el origen de la platica) o lo hizo con préstamo bancario. Ya sé que ese es su problema y no el mío, pero me aterra que un funcionario público de un país en vías de desarrollo y con altos niveles de pobreza se entregue a tales excesos, eso que los sociólogos llaman “gasto conspicuo” —pa’ que se vea—, ¡y en medio del aplauso nervioso de sus colegas!
El otro calamar gigante relacionado con la destitución de Petro es el joven y elegante Miguel Gómez, un James Bond —o más bien un Mr. Bean disfrazado de Bond— en materia de corbatas y mancornas, cuya iniciativa pretende “liberar” a Bogotá del alcalde un año y medio antes de su final natural, lo que quiere decir, dado el costo de 40.000 millones anunciado por la Registraduría, módicos 73 millones de pesos por cada día de supuesta “libertad” (diez pares de mancornas diarias, poca cosa), y eso sin contar que tal vez haya que elegir a otro, ¿o espera Miguel ser designado directamente? ¿Y si se le atraviesa Pachito? No, pero es que se supone que tiene que ser del mismo partido de Petro, ¿sí ve? Ay, qué nervios, Miguel, ¡y sobre todo qué horror seguir viendo al alcalde usar de bufanda chalinas estilo Arafat!
El tercer cefalópodo será del tamaño de una ostra chiquita o de una gamba al ajillo, y es el cariacontecido Oscariván, cuya presencia en medios depende de los insultos de su jefe o de ocasionales coplas con rima asonante, como esa de que en Colombia no hay garantías electorales, claro, igual que en Vietnam del Norte, pues para él Santos es el candidato presidencial de las Farc, destinado a crear en Colombia la nueva Kampuchea independiente. Por eso mismo es que funcionarios ejemplares como María del Pilar Hurtado se asilaron en Panamá, país que, dicho sea de paso, cuenta con una sólida tradición de defensa de perseguidos políticos colombianos, y no sólo, incluso latinoamericanos, como el mártir ecuatoriano Abdalá Bucaram.
Ay, el futuro y sus promesas. Por eso prefiero imaginar que nuestra bipolarísima selección nacional entrará al Mundial del fútbol en fase de subida, y que harán algo más que ese solitario gol que Colombia marcó la vez pasada, Léider Preciado contra Túnez, cuando se suponía que íbamos a ganar el Mundial.