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El hombre cangrejo

07 de julio de 2017 - 09:00 p. m.

Ya está de nuevo Trump con sus increíbles provocaciones. Antes de reunirse en Hamburgo con los países más ricos y emergentes, desembarca en Polonia y da declaraciones encendidas, ¿a favor de qué? Adivinen. Pide un aumento del 2 % en los arsenales defensivos de los países. Pero claro, qué más va a pedir este alegre cowboy de las llanuras. Una consecuencia inmediata de su “America first!”. Los lobbies de las fábricas de armas deben estar satisfechos: el hombre del pelo zanahoria está cumpliendo el libreto de un modo extraordinario. Y qué mejor lugar para empezar su visita a Europa que Polonia, el país desobediente y mal visto de la Unión Europea.

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Si Francia y Holanda no votaron por los candidatos cercanos a Trump en las recientes elecciones, en Varsovia sí tiene un amigo: el presidente Andrzej Duda, ultraconservador, crítico de las políticas europeas de acogida a los inmigrantes, islamófobo y en lucha permanente contra la prensa, a la cual amordaza con leyes desde el poder, y además ultracatólico, así que podríamos decir, usando un símil criollo, que es una especie de Alejandro Ordóñez de Cracovia. Recordemos que es la tierra de Juan Pablo II, opuesta a la tendencia secularista que rige en los países más fuertes de la Unión Europea. Y no está solo. También Hungría, otro país excomunista, puja porque Europa se transforme en bastión del cristianismo, la familia y la nación, poniendo alambradas en sus fronteras para repeler a los inmigrantes y cañones de largo alcance para mantener a raya a Rusia, a la cual obviamente temen no sólo por motivos históricos, sino por la reciente invasión a Crimea en 2014.

En ese contexto, imaginen el placer que debió de sentir Duda al oír decir a Trump que es el “defensor de los amenazados valores occidentales”, del nacionalismo ante el choque de civilizaciones y de la necesidad acuciante de reforzar las fronteras, ante el peligro para las tradiciones, la familia y los valores occidentales que suponen el terrorismo islamista, las ideologías radicales y la burocracia. “La cuestión fundamental de nuestro tiempo es si Occidente tiene la voluntad de sobrevivir”, filosofó Trump, ante lo cual Duda debió refrenar un enorme deseo de besarle los cachetes. Luego Trump arremetió contra su examigo Putin diciendo que Rusia debía calmarse un poco y no intervenir en sus países vecinos; por eso recomendó armarse mejor, para vigilar las fronteras. ¡Qué buen negocio es el terrorismo para los fabricantes de armas! No caben en sí de la dicha.

En el fondo, lo que se ve en la Europa de hoy es una tendencia que, en pequeño, vemos también en Colombia: un progresismo que anhela la paz, el laicismo y la libertad; que busca reducir la desigualdad entre los ciudadanos intentando limar las diferencias económicas, regionales o raciales (en países como Francia, Holanda o Alemania), versus una política nacionalista, conservadora y reaccionaria que prefiere armarse para proteger su pureza, su idea de nación como plaza fuerte y su concepto de tradición como estandarte religioso, para lo cual es necesario el miedo y el inmovilismo social. O dicho de otro modo: el hombre que camina hacia adelante versus el hombre cangrejo, el que busca su utopía en las rutas del pasado.

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