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El uribismo y las Farc

12 de junio de 2015 - 09:25 p. m.

Es curioso ver cómo una reacción que, en principio, puede incluso ser muy sincera y de buena fe, acaba favoreciendo intereses contrarios a los que predica.

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Es lo que le sucede estos días al uribismo y su predecible respuesta a los absurdos atentados de las Farc. Hasta un niño de cinco años se daría cuenta de que esos atentados, tras las implacables operaciones de guerra del Ejército, buscan reforzar una posición que desemboque en el cese bilateral del fuego, que es lo que las Farc quiere desde el inicio de los diálogos de paz. Cualquiera que conozca mínimamente la historia se dará cuenta de esta estrategia: presionar al rival para obligarlo a tomar una decisión incómoda.Digo que cualquiera se daría cuenta, pero constato que en las filas del uribismo no sólo no se dan cuenta de esto, sino que de forma involuntaria acaban haciéndoles el juego a las Farc, en el sentido de que aumentan aún más la presión sobre el Gobierno, dándole fuerza a la posición extrema de la guerrilla. Los jefes de las Farc deben estar muy satisfechos al oír a la senadora Paloma Valencia, la del muro de Berlín racial en el Cauca, despotricando contra Santos y criticando que no esté en el Caquetá, donde al parecer sí está ella. Esto es lo que más les conviene a las Farc, que debe celebrar cada nuevo ataque del uribismo al Gobierno, pues dentro de su estrategia es sin duda lo que habían planeado. De un modo indirecto, el uribismo responde al interés de las Farc y sigue su libreto.

Tal vez para el uribismo el odio a Santos ha tomado ya tales proporciones que, con tal de golpearlo, todo lo demás, incluso las Farc, pasa a segundo plano. No lo sé. Me cuesta creer que no se den cuenta de las consecuencias de lo que hacen y dicen en estos días difíciles, cuando el país debería estar más unido que nunca, tanto en su convicción de culminar con celeridad el proceso de paz, como en una resistencia colectiva para que las consecuencias del conflicto sean cada vez menores. Pero no. El uribismo, en su afán por acusar y erigirse como defensor de la moral y el orden, y el propio Uribe en su deseo ya irracional de demoler a Santos, con un odio que lo carcome y que está destruyendo al país, saca provecho político de estas tragedias, las usa a su favor, pues le vienen como anillo al dedo, de modo que también podemos decir que las Farc, en su afán por hacer presión, le hacen el juego al uribismo y a los enemigos del proceso de paz.

Pero de estas tres fuerzas enfrentadas, Farc, uribismo y Gobierno, es la población civil la que, como suele suceder, paga los platos rotos, y sobre todo la gente pobre, porque uno de los aspectos del conflicto es que se trata de campesinos colombianos pobres enfrentados a campesinos colombianos pobres: soldados de Colombia y policías contra guerrilleros, y las principales víctimas, las más numerosas, son más campesinos pobres. Por eso las Farc debería abandonar sus trasnochados manuales de guerrilla que hablan de atacar la infraestructura y los medios de producción del enemigo, y darse cuenta de una buena vez que ese agotado país al que dejan sin luz, cuyos ríos contaminan y a cuya población hieren o asesinan, es el mismo que, según ellos, quieren representar algún día como partido político en el Congreso de la República.

 

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