El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Todos se van”

01 de mayo de 2015 - 10:00 p. m.

LA ÚLTIMA PELÍCULA DE SERGIO Cabrera, Todos se van, basada en la novela de la escritora cubana Wendy Guerra, es sin duda la mejor de la temporada, una extraordinaria fábula sobre las fragilidades de la niñez y la injusticia de las reglas adultas en un mundo de egos y frustraciones que, como suele ocurrir, se oponen a lo más elemental y probablemente natural que es, en este caso, el amor de una madre por su hija. Una gran película que por lo que he podido saber está seduciendo cada día más a los espectadores colombianos.

PUBLICIDAD

Situada en una Cuba de mediados de los años 70, la historia cuenta la vida de Nieve, de ocho años, hija de padres separados que no se entienden y que sin duda se odian, lo que transforma la vida de la niña en un infierno en el que, como única protección, tiene su diario personal, un cuaderno de notas en el que obsesivamente escribe todo lo que pasa a su alrededor y su particular visión de la vida. El padre es un escritor fracasado y alcohólico que hace obras de teatro revolucionarias para conmemorar aniversarios patrios, pues sus verdaderos escritos no serían aprobados por la censura y le harían perder lo poco que tiene. La madre es una joven artista, puro sentimiento, que choca permanentemente con las rígidas reglas revolucionarias. Vive con un ingeniero sueco que trabaja en un proyecto de su país en la isla, un tipo libertario y afectuoso, un verdadero bacán, al que Nieve adora y con el que juega a armar castillos en la playa. En esa casa libre, llena de arte y poesía, todos andan desnudos, lo que hace que el padre escritor, celoso y enfurecido por la armonía, quiera irrumpir en el paraíso y sacar de allí a su hija.

Las peleas y el deseo de hacerle daño a su exmujer llevan al caótico escritor a hacer denuncias, acusaciones y montajes ante las autoridades revolucionarias para quedarse con la niña, provocando la tragedia. Y es en este punto en el que la mirada de Sergio Cabrera se vuelve particularmente lúcida. Teniendo en cuenta que gran parte de sus filmes han sido en tono de comedia (Perder es cuestión de método, Golpe de estadio, La estrategia del caracol), en Todos se van hay un originalísimo tinte dramático que da a la historia gran belleza, subraya el aspecto humano del libro y lo ilumina con una muy particular y hermosa luz, dándole al espectador un film entrañable, que atrapa y conmueve.

La historia corresponde a la vida de Wendy Guerra y a los diarios que escribió desde niña, cuando la mayoría de las personas que quería acababan yéndose de la isla por motivos políticos o personales. Un libro extraordinario que hoy está traducido a muchas lenguas y que le ha valido a Wendy Guerra reconocimientos en muchos países.

Y para Sergio Cabrera, la posibilidad de recordar su propia infancia, cuando fue llevado por su padre a Pekín a los 11 años y debió adecuarse a un sistema rígido, autoritario, dominado por la razón. Un gran dueto el que hacen por esto mismo Sergio y Wendy, lo que permitirá al espectador, además, recrear el ambiente de la Cuba de los años 70 y acercarse un poco a esa isla en la que tantos, por lo que allí se negocia, tenemos puestos hoy los ojos.

¡Todos al cine!

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias